viernes, 12 de febrero de 2016

¿Futuro preestablecido?

Cuando sin haber cumplido mi primera década en este mundo, y andando pastoreando y porquereando en la Serranía de la Ronda profunda de la niñez, un buen día me desconectaron de lo cotidiano (entre ovejas, cabras, gallinas, cerdos, conejos, perros, gatos, yeguas, mulos…), para ir a visitar a unos familiares, que vivían en una pedanía aledaña a la capital de la comarca. Recuerdo que entré en las oficinas administrativas de una almazara, industria del aceite, y allí me regalaron una caja de una cinta de tinta de máquina de escribir, la cual utilicé posteriormente como habitáculo para caracoles. Años después, una tía de mi progenitor me regaló una Olivetti letrera 32 (ver post Tecno-austeridad). Terminada la corta y desastrosa EGB, sin saber realmente por qué, estuve a punto de apuntarme a la rama administrativa de la Formación profesional de aquellos tiempos. Por suerte, mis amigos me convencieron para que me fuera con ellos al instituto, a realizar el BUP, puesto que entonces la Formación Profesional en mi pueblo dejaba mucho que desear. Terminado el COU, decidí centrarme en la hostelería, la cual la había ejercido durante los veranos anteriores en San Sebastián (ver post La Tregua). Pero un día de final de septiembre, después de hablar por teléfono con una amiga de Ronda, replanteé mi decisión, cogí un avión y volví a Andalucía ¿Adivinas en qué estudios superiores pude matricularme? Seguro que sí. Sólo pude inscribirme en primero de Ciencias Empresariales. ¡Ja!

- Una y otra vez temas administrativos - Pensarás. Sí, puede dar la impresión que mi futuro estaba preestablecido ¿No? Creo que son casualidades, demasiadas tal vez, pero casualidades al fin y al cabo, si bien el sino o sambenito de “administrativo, financiero, contable, auditor, gestor, secretario…” se me ha colgado en más de una ocasión, pero alguna fuerza interior ha logrado en estas décadas cambiar una y otra vez el presunto futuro predefinido por terceros. Igualmente, toda empresa, institución, proyecto, proceso, incluso tarea, al igual que el tránsito laboral, profesional o íntimo de una persona, a veces parece que tiene un norte profetizado, escrito de antemano. Ahora bien, si se consigue mutar y mejorar lo pensado o preestablecido, previsiblemente acontecerán situaciones distintas, no previstas y siempre atrayentes y fructuosas, aunque no fáciles o factibles a priori. Lo personal que te he contado en el párrafo anterior, me lleva a reflexionar que el cometido que mi "yo interior" establezca, se va a armonizar con el discernimiento de las circunstancias que me envuelven. Igualmente, la manera en que se desenvuelven esos acontecimientos, dependerá del lenguaje futurista utilizado conmigo mismo y en la interacción con mi entorno, porque ese proactivo idioma con el que leo el futuro, transformará la forma en la que realmente las cosas presentes ocurran (Fuente de la imagen: pixabay).

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