martes, 19 de enero de 2016

Estadios morales

Guillermo Llona escribía en ABC en 2013 sobre los 45 años de la matanza de Mylai, 16 de marzo 1968 (Guerra Vietnam: 1965-1975), (si quieres acceder al artículo clickea AQUÍ), donde se registró el asesinato de medio millar de civiles en la aldea Vietnamita de Mylai por una compañía del Ejército de EEUU. Hubo un enjuiciamiento posterior y encausado con cargos criminales a su teniente, el cual alegó que recibió órdenes superiores y no hizo más que lo que sus superiores esperaban que hiciese. Igualmente, hubo soldados que alegaron algo similar: “recibí órdenes y ejecuté”. Otros citaron: “recibí órdenes, las consideré injustas, y me disparé en el pie”. Sólo un piloto se dio cuenta de lo que estaba pasando y protegió y evacuó en su helicóptero a las personas que pudo. Nos recordó Tomás esta tragedia para explicarnos la Teoría de los Estadios Morales del psicólogo estadounidense Kohlberg, que he procurado simplificar en el grafico del encabezado. ¿En qué estadio clasificarías al que se dio un tiro en el pie? ¿Y al piloto que salvó vidas con su helicóptero?

Dejando a un lado (si es que se puede dejar anímicamente) la inhumana historia de Mylai, me pregunto en qué estadios morales se encuentran ubicados los políticos de mi país. Aunque por aquello de “a imagen y semejanza”, mejor debería preguntarme en qué moral habita el “españolisto”, perfil en el que me incluyo. Sí, ese que se envalentona y se la va la fuerza por la boca, ya sea en un partido de futbol, una reunión de amigos o una comida familiar, pero que luego, a la hora de la verdad, ya sea en unas elecciones o en la defensa de un derecho fundamental, no está o no se le espera porque se le ha visto escondido en la manada con el rabo entre las piernas, obedeciendo por automatismo y respetando las normas por imperativo legal, es decir, por el poder del que las dicta o el resultado de su ejecución. ¿Obediencia, Pragmatismo? Puede que un manojo habiten los pisos de la convención colectiva. Algún que otro iluminado hasta puede que por derecho propio o equivocación (Quién sabe) haya subido hasta el estadio del consenso sobre los derechos de los demás, pero sería absurdo pensar que la política española tenga ocupada la planta donde lo recto y lo justo dependen de un juicio de conciencia sobre los principios universales.

1 comentario :

Hola. Gracias por la visita. Saludos. Manuel