sábado, 3 de octubre de 2015

Sí, ya, moral para rato

Las noticias sobre los presuntos manejos del otrora estrella de la economía y de las finanzas en mi país, Rodrigo Rato, extensamente recogidas en los medios de comunicación (ABC, El Mundo…), me hicieron reflexionar en la tarde de ayer sobre la moral objetiva de estos individuos, cómo se manifiesta en sus mentes esa tracción a la vez que elasticidad entre sus compromisos, reglas y meditaciones morales y sus conciencias como seres humanos, esa bifurcación entre deber de observancia y emancipación de conciencia. En el caso de Rato, me gustaría saber cuál es su argumentación ética que da respuesta a su actuación a lo largo de estas décadas de ejercicio político, institucional y financiero.

Pero no quiero confundirme. Obviamente, estas personas tienen su cuota de débito político y, en su caso, penal, pero entiendo que a la sociedad en la que conviven, y de la que soy parte integrante, debe asignársele la mayor porción del quesito porcentual de responsabilidad, al encontrarse sus fundamentos básicos morales por los suelos. Por un lado, los valores morales de la sociedad española presiento que dejan mucho de desear, predeterminando juicios de mínimos, por debajo incluso de la legalidad imperante que el legislador de turno amasa, sobre lo que son acciones buenas y acciones malas. 

Por otro lado, precisamente la chulería e hipocresía de esa misma ley aplicable, incluyendo los controles del propio Estado. Esa presumible locución objetiva, positiva y vinculante de lo que la ciudadanía española tiene que hacer legalmente, instrucción normalizada de sus valores sociales, adrede no se expresa con suficiente claridad y precisión filológica, permitiendo el doble trato, los recovecos y las cloacas, dependiendo si el individuo es masa o élite, esta última llamada casta, término puesto de moda en España por políticos progresistas de nuevo cuño. Y después de estos párrafos concluyo: sí, ya, moral para rato tenemos, pero eso no es más que la punta del iceberg de inmundicia, fingimiento, falsedad, gangrena y podredumbre que nos aborda (fuente de la imagen: pixabay).

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