miércoles, 21 de enero de 2015

Diplomacia vaticana

Mientras inventariaba las acciones y declaraciones del Papa Francisco, desde que llegó a su puesto de sucesor de Pedro y representante de Dios en la Tierra (incluyendo sus últimas reflexiones acerca de las caricaturas de Mahoma o sobre la maternidad y la mujer), me acordé de la referencia que hace unos meses, dentro de la disciplina Técnicas de Negociación, Andrés apuntaba sobre el tipo de negociación conocida como “Diplomacia Vaticana” y que básicamente recomienda no transmitir prisa por comenzar ni por cerrar un frente o una actividad negociadora

Según el profesor de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, Alberto Priego, el origen de la Diplomacia Vaticana es tan remoto que hay que remontarse hasta los Vicarios Apostólicos del siglo IV o a los apocrisiarios acreditados en la Corte Imperial de Bizancio, si bien hay que esperar hasta el Papado de Gregorio XIII para encontrar Nuncios Apostólicos acreditados de forma oficial ante otros Sujetos de Derecho Internacional Público, por ejemplo en España en 1577 o Francia en 1583.

Vía referencia del profesor, llego al artículo 3 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, que especifica las funciones propias de la diplomacia, entre las que se encuentran la representación, la negociación, la información o la protección, destacando el fomento de las relaciones amistosas y desarrollo de las relaciones económicas, culturales y científicas entre el Estado acreditante y el Estado receptor.

Comentaba Priego en el Blog de Carlos Corral, que el actual Siervo de los siervos de Dios tendrá que hacer uso de la Diplomacia Vaticana para hacer frente a muchos retos como Siria, el diálogo con otras confesiones o los desafíos del cambio climático. Así que le deseo la mejor de las suertes diplomáticas, sean vaticanas o no, y parafraseando al otro de la serie cinematográfica (La Guerra de las Galaxias): que la fuerza le acompañe (Fuente de la imagen: Wikipedia).

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