martes, 9 de septiembre de 2014

Nexo en común

Los dos índices principales para medir las rentabilidades de una empresa son el ROA (Return on Assets) o ROI (Return on Investments) y el ROE (Return on Equity), es decir, la rentabilidad de las inversiones o activos (ROI o ROA) y la rentabilidad de los fondos propios (ROE). A pie de post te dejo un vídeo, subido a Youtube por UPF Barcelona School of Management, donde el profesor Xavier Puig explica la diferencia de cálculo de ambos conceptos y qué significado financiero tienen cada uno de ellos, ya que la tercera condición para determinar la viabilidad de una empresa es que sus rentabilidades deben ser "adecuadas". Aunque estos conceptos surgen y viven en el ámbito financiero puro y duro, desde hace un tiempo reflexiono sobre la aplicación en otros perímetros de gestión, control, asesoramiento o ejecución regulada de trabajos, como el ejercido por una administración concursal, un auditor o un perito, relacionando el concepto más sensible del ROI, “rentabilidad”, con el de un servicio profesional, “servicio al cliente”, puesto que ambos términos tienen un nexo muy importante en común: “resultados”.

Por la, a priori, presuntamente estrambótica idea descrita anteriormente, entenderás la “pechá” de reír que se dio ayer un compañero que se dedica a las administraciones concursales, cuando le pregunté el retorno de su arancel sobre el concurso en el que había sido designado. - Qué cosas tienes Manuel - Sentenció. Presiento que la mayoría de los que dicen ser consultores, asesores, auditores, administradores, … no se plantean su servicio profesional en clave ROI, reflexionando sobre el impacto que tendrá su actividad profesional en la empresa, proyecto, división o actividad encomendada, ya sea ésta privada o tasada. Al menos en mi país y en mi ámbito territorial de actuación, percibo que la consultoría en general y ciertas especializaciones en particular, se escudan en protocolos, normativas y responsabilidades y no trabajan realmente junto a los clientes o afectados para garantizar el mejor resultado posible, ya sea en la implantación de un sistema de excelencia o llevar a buen término un procedimiento concursal (Fuente de la imagen: instantánea de la disertación de Xavier).

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