lunes, 8 de septiembre de 2014

David y su honda

Se cuenta en la antología popular de chistes de Jaimito que, estando el impúber en clase de Historia, le preguntó la maestra de qué forma venció David a Goliat, a lo que el travieso respondió: - Con una moto, seño -. –Jaimito ¿Pero no recuerdas que utilizó una honda? – Reprendió la profe. Con el ceño fruncido Jaimito rebatió: - Bueno, vaaale, no había escuchado que debía decir, también, la marca -. Bromas aparte, cuando siendo niño escuché la historia de David contra Goliat, no entendía que un soldado filisteo inmenso y armado hasta los dientes, fuera derrotado por el presuntamente débil pastorcillo. Ya en la juventud, pensaba que en algún truco o imagen distorsionada por el relator, debía estar envuelta la cuestión en el manto de la Historia. Hace unos meses, Héctor G. Bames, en la respuesta a la pregunta ¿Y si realmente ganó el más fuerte? redactada en El Confidencial, “La historia de David y Goliat te hará replantearte lo que sabías sobre el poder[1], hizo aflorar en la mente las dudas de la pubertad sobre esta leyenda o mito e imaginar otras respuestas menos místicas y más realistas. 

También, ayer terminé de hojear el libro de Malcolm Gladwell, “David y Goliat”[2], que ya en la reflexión a la pregunta que encabeza la introducción “¿Acaso soy un perro, que vienes contra mí con palos?”, cuando David sólo llevaba un cayado de pastor (¿tenía el gigante problemas de visión doble consecuencia de los efectos del mal funcionamiento de la hipófisis?), deja entrever el autor la idea de que Goliat no era tan “Goliat” como lo han pintado. Evidentemente, David, curtido con la honda en el cuidado y guía de los rebaños y en la defensa de las ovejas ante los lobos y otros animales salvajes, no era tan débil o manso como durante siglos se le ha pintado. Es más, con independencia de los posibles problemas de gigantismo de Goliat u otras complicaciones físicas propias de su estatura, la habilidad del ovejero con la honda posibilitó a éste disponer de un arma mucho más avanzada que la del mercenario. Por tanto, cabe pensar que definitivamente el más fuerte era David, puesto que, además de su presupuesto valor, disponía del poder de la honda.

Partiendo de la historia de los Santos Libros, cuestiona Gladwell el modo en que pensamos sobre obstáculos y desventajas, reflexionando sobre lo que en nuestra mente puede constituir una ventaja o una desventaja, las otras verdades sobre los presuntos fuertes y presuntos desamparados y lo que el esfuerzo, la constancia, la imaginación y la fe pueden conseguir en el movimiento de montañas o en el vencimiento de “goliatres”. Finalmente, sin ánimo de desconcertarte, voy a terminar escribiéndote una frase que pienso cuando en el camino de los “davises” que pululan por el mundo, éstos son abofeteados por los gigantes a los que se enfrentan (espero que coyunturalmente): “A David le ha fallado la honda”. Te dejo el vídeo sobre la honda de David, subido a Youtube (Imagen: litografía de Osmar Schindler, 1888; fuente: Wikipedia).

[1] Barnés, Héctor G. “La historia de David y Goliat te hará replantearte lo que sabías sobre el poder”. 23/06/2014. El confidencial. Última vez consultado: 08/09/2014.
[2] Gladwell, Malcolm. “David y Goliat”. Taurus, 2013. Disponible en casadellibro.comÚltima vez consultado: 08/09/2014.

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