viernes, 2 de mayo de 2014

Tener o no tener abuela

Invitados por unos amigos, el uno de mayo lo pasamos en el Valle del Guadalhorce, dándonos las “tantas” con tanta charla, que parecía que íbamos a arreglar el mundo en el precioso marco natural, otrora brazo de mar (Mioceno Superior), que el río labró hace millones de años (Plioceno). Resalto esta mañana la cuña debatida de la presunta falta de humildad de algunos de nosotros Cierto que en más de una ocasión te he escrito en este sitio la frase “como no tengo abuela”, pero con el sentido que como nadie dice lo que uno piensa en positivo de tal o cual tema, o no se disfruta de apoyo o difusión ni, como también se dice en mi entorno, de "boca prestada", pues tiene que decirlo uno mismo, a riesgo que te tachen de arrogante. En algunos países hispanoamericanos se utiliza esa frase igualmente como reprobación a los que se alaban mucho a sí mismos, tipo “narcisos”.

El caso es que la bandera de la humildad y la modestia (sincera) a medio plazo del coordinador, directivo, gerente, ejecutivo, ... es un impresionante revulsivo, combustible o fuerza cohesionadora del equipo de trabajo, imbuyendo nobleza, rectitud, eficiencia y rendimiento a raudales. Hace unos meses, John Dame y Jeffrey Gedmin apuntaban en Harvard Business Review, “Six Principles for Developing Humility as a Leader”, que la humildad, inadecuadamente catalogada como debilidad, es una cualidad dejada de lado en los programas de las escuelas de negocio. Metería en ese saco del olvido a las consultoras en recursos humanos y los profesionales de la selección y la gestión del talento en general, que arrinconan esta virtud como si de la lepra se tratara, en beneficio de otros "atributos" de la personalidad cada vez más cuestionados, tipo arrogancia, soberbia o altanería. En opinión de los autores, para que las empresas cultiven la humildad en sus directivos, éstas y éstos deben reconocer el desconocimiento, soslayar dejarse llevar por las valoraciones positivas de uno mismo, no desatender nunca a la competencia, suscitar el espíritu de servicio, aguzar el oído incluso a los pensamientos más chocantes, singulares o extraños y ser ardientes y curiosos (Fuente de la imagen: sxc.hu).

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