miércoles, 12 de febrero de 2014

Con ironía o sarcasmo

Señala Aristóteles en Metafísica M, 4, las dos cosas hay que atribuir con justicia a Sócrates: el argumento inductivo y la definición general. A mi parecer, con ironía o sarcasmo, apunta Michael Lindenmayer en Forbes, “Ask Great Questions: Leadership Skills Of Socrates”, una serie de hitos para establecer una cultura socrática, establecidos por un grupo de expertos que se adentraron en la maestría de la toma de bienhechoras providencias.

Estos pasos van desde la búsqueda de las mejores respuestas, hasta el conocimiento de uno mismo, pasando por la humildad, el reconocimiento del desconocimiento, entrenamiento del cerebro, desarrollar la entereza, dejar fluir la potencialidad de los equipos de trabajo, concentración o el conocimiento de las posibilidades, probabilidades y prioridades.

Curiosamente, el filosofo clásico ateniense, que durante la primera parte de su vida fue patriota y religioso, sufrió la desconfianza de muchos de sus contemporáneos, al plantear una existencia etérea sin el consentimiento de ninguna divinidad como figura explícita. Acusado de despreciar a los dioses y corromper la moral de la juventud, alejándola de los principios de la democracia, fue condenado a muerte.

Sus últimas palabras fueron irónicas o más bien sarcásticas: Critón, le debemos un gallo a Asclepio. Así que págaselo y no lo descuides” (Imagen de “La muerte de Sócrates”, óleo de Jacques-Louis David de 1787. Fuente: Wikipedia).

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