domingo, 12 de mayo de 2013

Por fin llegó

Conforme pasan los años, me voy dando cuenta, cada vez con más intensidad, de lo relativo de los estudios reglados y de la importancia de “la Universidad de la Vida” (frase atribuida a Og Mandino) en el Camino, pero reconozco que siempre me hace ilusión recibir el carné universitario. Es como si me rejuveneciera. El momento me traslada a un verano de principios de la década de los ochenta del siglo pasado, cuando el tontolaba de las huertas de Ronda, que, emigrado al País Vasco (ver post "La tregua"), estaba trabajando de camarero en un bar situado en la Parte Vieja de Donosti, en un arrebato adolescente, después de tirarse horas hablando por teléfono con una amiga, deja el flamante contrato indefinido, el buen sueldo (en comparación con las retribuciones en Andalucía), a esa bella ciudad, coge un avión (el primero en su vida) y se va para Málaga a matricularse en la histórica y veterana Escuela Universitaria de Estudios Empresariales (antigua Escuela de Comercio), recibiendo meses después, su acreditación como alumno universitario, con la que accedía a los escasos beneficios culturales y económicos que por entonces existían. 

Luego llegaron distintos carnés, la facultad de Económicas, el doctorado, la Uned… y con ellos nuevas bonificaciones, descuentos y promociones. Todos los tengo guardados en mi corazón. Se hizo esperar pero por fin arribó el de este año, expedido por la Universidad Internacional de la Rioja. Me pregunto si mi descendencia tendrá la oportunidad que yo tuve (estudiar con beca los primeros años) y al día de hoy tengo (ingresos que me permiten pagar las tasas). Si la política no cambia de una vez en la línea de lo recogido en el post "Tercera vía", es fácil augurar un negro futuro educativo para la juventud de las clases no altas de mi país (la inmensa mayoría).

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