martes, 2 de abril de 2013

Pequeñas metas

Por el post “Hasta la coronilla”, imaginarás el exceso gastronómico en el que he incurrido en la finalizada Semana Santa. Cierto, pero en comparación con el año anterior, aunque me he pasado tres pueblos con el bacalao y otras comidas tradicionales, los poquitos de tiempo diarios dedicados a hacer algún tipo de ejercicio físico moderado, ya sea andar, unas canastas con el peque, patinar por el paseo marítimo, …, me generan una actitud psiquica y un planteamiento físico distinto y mejor, si bien queda todavía mucho camino por recorrer hasta conseguir el peso ideal.

Como me propuse sólo unos pocos minutos al día para quemar grasas de forma natural, me es más fácil empezar. Cuando troto solo, me enchufo los cascos y me pongo a escuchar las clases magistrales de Derecho, pensando que algo quedará del ordenamiento jurídico o del ius europeo en el subconsciente.

Tal vez, en ponerme pequeñas metas se encuentra el quid de la cuestión. Nada de objetivos faraónicos del tipo dos horas todos los días de footing, dietas drásticas, nada de alcohol, seis horas de estudio, … Fines y límites alcanzables sin mucho esfuerzo y sin evasivas, pretextos o coartadas.

Lo anterior me obliga a replantearme una seria revisión de determinados objetivos profesionales, que con la etiqueta de ambiciosos, puede que deriven fácilmente en contraproducentes, por no registrar un adecuado progreso a lo largo del ámbito temporal definido. Periódicas conclusiones más modestas puede que posibiliten consecuciones y avances mucho más solemnes, enriquecedores o magníficos en el camino por la Vida; pequeñas metas diarias pueden convertirse en grandes dedicaciones mensuales, anuales, ... (Fuente de la imagen: sxc.hu).

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