miércoles, 10 de abril de 2013

Forjarme quien soy

Cuando era pequeño, en alguna ocasión recuerdo que me preguntaron qué quería ser de mayor. No me acuerdo de la contestación o si llegaba a pronunciar palabra, debido a los serios inconvenientes comunicativos de la pronunciada tartamudez. Pero desde que comencé a descubrir a D. José Luis Sampedro, empecé a configurar una idea de lo que quería ser de mayor y esta mañana por fin tengo la respuesta a esa pregunta: De mayor me gustaría ser un ser con un camino transitado similar al del maestro.

En el post “La senda del drago”, te contaba el primer libro suyo que leí, “Las fuerzas económicas de nuestro tiempo”, que me lo dejó una amiga un nueve de octubre de 1984 (le habían dado una beca para libros, invirtió un resto en la obra y me obsequió con esa joya; gracias amiga). Es estremecedor la clarividencia de este hombre. Ya en 1967 escribía cuestiones que hoy son de rabiosa actualidad. Gracias maestro. Ayer me enteré de su fallecimiento, hacia la 1:30 h. de la madrugada del lunes, pero por expreso deseo suyo, la noticia no se conoció hasta un día después, porque se quería ir de "manera sencilla y sin publicidad”.

Gracias, maestro. Sólo lamento que se vaya ahora, que parece que podría cambiar el enfoque que desgranó el verano pasado en una entrevista en la Cadena Ser (fuente: Blog The Screwdriver, autor Antonio Estella: “Sampedro, o la importancia de los maestros”). Sí, tal vez soy excesivamente optimista, pero no me negará que con el nuevo Papa la Iglesia pueda darse la oportunidad de dejar de estar anclada en el siglo XVI ¿No lo cree? O que los sensibles acontecimientos económicos y sociales de este cambio de época, propicien que la economía deje de estar parada en el siglo XVIII.  

¿Y qué le voy a decir de la política? Abrigo la ilusión que, al igual que la economía o el catolicismo, ésta deje de estar pastando en campos ideológicos de finales del XIX, es decir, deje de estar siempre por detrás de la sociedad. Lo que no tengo tan claro es que a medio plazo dejemos a la Ciencia ocupar el lugar que le corresponde, pero todo se andará. Por lo demás, respetado maestro, día a día voy a procurar que la receta más importante que me aplique consista en forjarme quien soy (fuente del dibujo: elaboración propia).

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