domingo, 23 de septiembre de 2012

En código peseta

A pesar que en España las monedas y los billetes de euro entraron en circulación el uno de enero de 2002, todavía en 2003 en sitios como Mollina (ver post “Si el vino viene, viene la vida”), tenía que pensar y hablar en código peseta, cuando explicaba las compras de uva y aceituna y las ventas de los productos elaborados. Incluso años después, no me extrañaba que esa costumbre no se hubiera erradicado aún, sobre todo en las personas mayores.

Por otro lado, desde hace meses, sin proponérmelo conscientemente, en algunos temas económicos, hago un esfuerzo de cálculo mental para convertir la cifra de euros a pesetas. Alguna compañera me mira extrañada cuando después de decirme que tal o cual artículo cuesta trescientos cincuenta euros, le suelte: “Sí, sesenta mil pesetas”. Luego le explico que estoy haciendo prácticas para lo que previsiblemente se nos puede venir encima (ver post: ¿Vuelve la peseta?).

También, he observado en los comercios pequeños (tiendas y bares, fundamentalmente), esta conversión, que ya sea en broma o en serio, va calando. De hecho, el artículo de Carmen Pérez-Lanzac en El País: “Vuelve la caña a cien pesetas”, certifica el comentario. Los restaurantes recuperan precios en pesetas: cinco botellines, a cien pesetas cada uno, quinientas pesetas; es decir, tres euros. La crisis empuja a las franquicias a estas estrategias comerciales, mientras nuestro cerebro hace prácticas de matemáticas y se prepara para lo que el futuro le depare (Fuente de la imagen: elaboración propia).

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