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| Fuente de la imagen: elaboración propia |
A pesar que en España las monedas y los billetes de euro
entraron en circulación el uno de enero de 2002, todavía en 2003 en sitios como
Mollina (ver “Si el vino viene, viene la vida”, Velasco, 2005)[1], tenía que pensar y hablar en
código peseta, cuando explicaba las compras de uva y aceituna y las ventas de
los productos elaborados[2]. Por otro lado, desde hace meses, sin proponérmelo
conscientemente, en algunos temas económicos, hago un esfuerzo de cálculo
mental para convertir la cifra de euros a pesetas. Alguna compañera me mira
extrañada cuando después de decirme que tal o cual artículo cuesta trescientos
cincuenta euros, le suelte: “Sí, sesenta mil pesetas”.
Luego le explico que
estoy haciendo prácticas para lo que previsiblemente se nos puede venir encima (ver
¿Vuelve la peseta?, Velasco, 2011)[3]. También, he observado en los comercios pequeños (tiendas y
bares, fundamentalmente), esta conversión, que ya sea en broma o en serio, va
calando. De hecho, el artículo de Pérez-Lanzac: “Vuelve la caña a cien pesetas”[4], certifica el comentario. Los restaurantes recuperan
precios en pesetas: cinco botellines, a cien pesetas cada uno, quinientas
pesetas; es decir, tres euros. La crisis empuja a las franquicias a
estas estrategias comerciales, mientras nuestro cerebro hace prácticas de
matemáticas y se prepara para lo que el futuro le depare.
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[1] Velasco Carretero, Manuel. Si el vino viene, viene la vida. 2005. Sitio visitado el 23/09/2012.
[2] Incluso años después, no me extrañaba que esa costumbre no se hubiera erradicado aún, sobre todo en las personas mayores.
[3] Velasco Carretero, Manuel. ¿Vuelve la peseta? 2011. Sitio visitado el 23/09/2012.
[4] Pérez-Lanzac, Carmen. Vuelve la caña a cien pesetas. El País. 2012. Sitio visitado el 23/09/2012.
