sábado, 2 de octubre de 2010

Los intereses del cliente

Hace más de una década, en el año 1994 del siglo pasado, cuando era responsable del futuro de 112 micropymes de la distribución comercial, en el ámbito de actuación de las provincias de Cádiz y Málaga, España (ver post "Parece que fue ayer"), llegué a la conclusión de que entender los intereses del cliente y procurar velar por ellos, era una decente estrategia empresarial.

Desde entonces, con mejor o peor acierto he intentado poner en práctica esa reflexión. Incluso, se me ha dado un caso en que, por las vueltas que da la vida, he estado colaborando en una empresa y, tiempo después, he trabajado para un cliente de ella y he promocionado, en el ámbito de mis competencias, las líneas de actuación económicas, financieras, operativas y comerciales que ya conocía en mi etapa como proveedor de servicios.

Un desorientado y estresado ejecutivo de la primera, llegó a decir que con mi actuación iba en contra de los intereses de ellos, con los que había colaborado antaño y que me recomendaron al cliente, y que era un desleal. Dejando a un lado que hay gente que, cuando le interesa y cuando no también, se pone medallas de todo tipo que presuntamente no les corresponden (te he metido en esa empresa, he conseguido ese proyecto, ...), sin caer en que las mentiras tienen las patas muy cortas y el planeta en que vivimos no es tan grande como parece y, en los distintos ámbitos donde nos movemos, todos conocemos de qué pie se cojea,  la respuesta me salió sin pensarla:

“Cuando estaba contigo, miraba los intereses de ellos porque entendía que eran nuestros intereses. Ahora que estoy con ellos, sigo mirando sus intereses, por lo que sigo teniendo en cuenta tus intereses. La cuestión es que tus intereses para con todos tus clientes, ni antes ni ahora, no coinciden con los míos ni con los del cliente, por eso no seguí contigo, pero ese es tu problema, no el de ellos. Como ya os dije en múltiples reuniones, si no miras por los intereses de tu cliente y, por el contrario y en mi opinión, lo ahogas hasta morir, tú también perderás, mucho más de lo que piensas y, en todo caso, es una estrategia comercial con la que no comulgo”.

¿Desleal? ¡Ah! La disyuntiva de la lealtad. Por otro lado: ¿Quién paga hoy mis servicios? ¿Cuál es mi responsabilidad última? Por encima de todo eso y como respuesta a esas preguntas, se encuentra la filosofía de actuar siempre como profesional, no personal o subjetivo, y el mantra comercial con el que he dado vueltas en este texto: “los intereses del cliente”. Si sigues esa sugestión serás leal con las empresas anteriores en las que has colaborado, las actuales y, muy importante, con tus principios y contigo mismo (composición de imagenes-gratis.com). 02/10/2010 Error de ortografía rectificado.

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