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| Fuente de la imagen: Moscatel Morisco. Sitio vinopost (Velasco, 2026) |
La calidez del hogar de Cati y María (El Tesoro Rojo de los Césares, Velasco, 2026)[1], se convirtió en el escenario para un reencuentro que permitió descubrir los tesoros que guarda la Serranía de Ronda. Entre risas y confidencias, las anfitrionas presentaron una botella que refleja el espíritu de un lugar detenido en el tiempo: la Antigua Real Fábrica de Hojalata de San Miguel de Ronda, situada en el corazón de Júzcar. Este recinto histórico, recuperado tras siglos de silencio y olvido, alberga una bodega donde el respeto por el entorno dicta cada paso de la creación vinícola. El vino que compartimos, el Moscatel Morisco (Velasco, 2026)[2], es un ejemplo de honestidad líquida, elaborado siguiendo métodos naturales que prescinden de la adición de sulfitos para permitir que la uva se exprese con total libertad. Mientras las barricas descansan bajo la sombra protectora de un nogal centenario que refresca el ambiente, la energía que mueve los procesos proviene de la fuerza del sol, el viento y el agua recolectada en la propia finca mediante sistemas fotovoltaicos, eólicos e hidráulicos. Este compromiso con la tierra se percibe en cada detalle del envasado, desde el uso de botellas ligeras serigrafiadas hasta el sellado con cera que evita el empleo de materiales plásticos, logrando que el continente sea tan respetuoso con el medio ambiente como su contenido. La velada fluyó con la comodidad de quien se siente parte de una familia, encontrando en este blanco una historia de renacimiento industrial y amor por la viticultura ecológica.
El momento culminante llegó con la degustación de unos salmonetes al horno (Velasco, 2017)[3], preparados con gran esmero por nuestras anfitrionas sobre una base de patatas y cebollas moradas aderezadas con un toque de limón y vino blanco. Este pescado de roca, identificado científicamente como Mullus surmuletus y apreciado desde la época de los césares por su gusto intenso, requiere un acompañante que esté a su altura sin restarle protagonismo. El Moscatel Morisco 2022 aceptó el maridaje con elegancia, desplegando una complejidad que nace de sus catorce meses de crianza en barrica y el trabajo semanal con sus lías. Sus notas de vainilla y tostados se fundieron con los aromas a piña tropical y plátano, creando un contraste refrescante frente a la textura semigrasa y los matices yodados propios del salmonete. En el paladar, la acidez equilibrada y la cremosidad persistente del vino envolvieron la jugosidad de la carne del pez, logrando un equilibrio que la Guía Peñín ha sabido reconocer con una puntuación de 94 puntos. Para disfrutar plenamente de esta unión sensorial, seguimos el consejo de no enfriar excesivamente la bebida, permitiendo que ganara algo de temperatura en la copa para liberar capas de flores blancas y recuerdos a tarta de queso. La cena transcurrió sin prisas, confirmando que la combinación de productos de proximidad y la compañía de amistades auténticas garantiza una vivencia que perdura mucho más allá del último sorbo. Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Velasco-Carretero, M. (2026). El Tesoro Rojo de los Césares. Sitio visitado el 2/8/2026.
[2] Velasco-Carretero, M. (2026). Moscatel Morisco. Sitio vinopost. Visitado el 2/8/2026.
[3] Velasco-Carretero, M. (2017). Salmonete. Sitio gastropost. Visitado el 2/8/2026.
