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| Fuente de la imagen: Flor de Vetus. Sitio vinopost (M. Velasco, 2024) |
Beber este monovarietal de Tinta de Toro mientras la mirada se pierde entre los olivos es una experiencia que trasciende lo puramente gastronómico. En boca, el vino se revela con una dualidad fascinante: resulta potente y fresco a la vez, con esa calidez glicérica que reconforta el espíritu tanto como el sol que se oculta tras la sierra malagueña. Los taninos se sienten suaves y redondos, deslizándose con una elegancia que sorprende por su equilibrio y que permite que la conversación siga su curso sin interrupciones. Cada sorbo trae recuerdos de la tierra y la tradición, con notas lácteas que aportan una agradable cremosidad y una estructura que sostiene el peso de las historias compartidas, logrando representar la tipicidad de su zona de una forma distinta, más íntima y receptiva, como si cada gota hubiese sido pensada para estos momentos de autenticidad. El final es largo y fragante, dejando un rastro persistente que empuja a seguir escuchando y brindando mientras el sabor se funde con el paisaje y el eco de las voces familiares. Al terminar la jornada, nos queda la certeza de haber disfrutado de un reencuentro mágico entre el vigor de Toro y la serenidad de Almogía en una copa que, sencillamente, sabe a hogar. Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2024). Flor de Vetus. Sitio vinopost. Visitado el 22/3/2026.
[2] Que relucen bajo la luz del poniente.
