domingo, 22 de marzo de 2026

Flor entre olivos

Fuente de la imagen:  Flor de Vetus. Sitio vinopost (M. Velasco, 2024) 
Atardecer en Almogía. La terraza de Julia y Paco se convierte en un balcón privilegiado hacia el alma de Málaga, donde las colinas se visten de olivos y almendros y el aire transporta el aroma del campo andaluz. Mientras los padres de Paco rescatan del olvido anécdotas de un pueblo que late entre cuestas blancas y leyendas antiguas, descorchamos una botella de Flor de Vetus (M. Velasco, 2024)[1], un vino que, aunque nacido en las tierras de Zamora, parece encontrar su lugar en este encuentro familiar. Al verterlo en las copas, su color cereza picota, adornado con ribetes violáceos[2], captura la atención, presentándose como un compañero amable, capaz de romper con los prejuicios sobre la fuerza de su comarca para ofrecer una cara mucho más cercana. A medida que las palabras de los mayores fluyen, el ambiente se impregna de una fragancia embriagadora donde la fruta roja y negra madura reclama su protagonismo, entrelazándose con sutiles matices de regaliz y especias que parecen bailar al ritmo de los relatos. Hay algo reconfortante en su aroma, un ligero fondo de caramelo de café y notas de pan tostado que nos envuelve, sugiriendo que las mejores tardes son aquéllas donde el tiempo se detiene para celebrar la compañía y las raíces.

Beber este monovarietal de Tinta de Toro mientras la mirada se pierde entre los olivos es una experiencia que trasciende lo puramente gastronómico. En boca, el vino se revela con una dualidad fascinante: resulta potente y fresco a la vez, con esa calidez glicérica que reconforta el espíritu tanto como el sol que se oculta tras la sierra malagueña. Los taninos se sienten suaves y redondos, deslizándose con una elegancia que sorprende por su equilibrio y que permite que la conversación siga su curso sin interrupciones. Cada sorbo trae recuerdos de la tierra y la tradición, con notas lácteas que aportan una agradable cremosidad y una estructura que sostiene el peso de las historias compartidas, logrando representar la tipicidad de su zona de una forma distinta, más íntima y receptiva, como si cada gota hubiese sido pensada para estos momentos de autenticidad. El final es largo y fragante, dejando un rastro persistente que empuja a seguir escuchando y brindando mientras el sabor se funde con el paisaje y el eco de las voces familiares. Al terminar la jornada, nos queda la certeza de haber disfrutado de un reencuentro mágico entre el vigor de Toro y la serenidad de Almogía en una copa que, sencillamente, sabe a hogar. Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2024). Flor de Vetus. Sitio vinopost. Visitado el 22/3/2026.
[2] Que relucen bajo la luz del poniente.