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La existencia de estas reglas es nuestra garantía más elemental: si la AP ignora o vulnera dichas normas, las decisiones que tome serán consideradas nulas e ilícitas. Además de estas limitaciones legales al poder, la ciudadanía cuenta con una serie de derechos que deben ser respetados de forma prioritaria en todas las relaciones con la Administración, si bien el interés general resiste los derechos fundamentales. Concluyendo, la posición de la ciudadanía es de acatamiento a un poder superior, pero una potestad que está intrínsecamente limitada por su deber de servir y por el marco legal, siendo prioritario conocer esa relación, es decir, saber qué instrumentos garantizan que la AP actúe de manera correcta y sin cometer abusos, y qué herramientas tiene la ciudadanía para defenderse de cualquier actuación que resulte ser ilegal. Por ello, debemos ser conscientes de aspectos tales como, por ejemplo, el procedimiento administrativo (M. Velasco, 2020)[1], definido como el cauce formal a través del cual la Administración toma sus decisiones, y se destaca su función: aunque ralentiza la acción administrativa, asegura la legalidad, coherencia y objetividad, sirviendo como garantía básica la ciudadanía.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2020). ¿Vía administrativa=Procedimiento administrativo? Sitio visitado el 15/11/2025.
