viernes, 2 de noviembre de 2018

¿La autoedición como solución?

Si eres seguidor de este sitio, en algunos aspectos me conoces más que yo mismo, por ejemplo en lo de cultivar esa máxima del maestro de la historia Maktub, de Paulo Coelho, cabecera de la solapa del menú titulada “Acerca de”: escribir, "ya sea una carta o un diario", o unas notas en este sitio, pero escribir porque me "acerca a Dios y al prójimo" y posibilita que entienda mejor mi rol en la vida. Así que, siguiendo esas reflexiones, en mi caminar por la Vida, con distinto acierto, procuro plasmar mi esencia escribiendo, "aunque nadie lo lea; o, lo que es peor, aunque alguien acabe leyendo" lo que, por distintos motivos o razones, interpreta inadecuada o, simplemente, no quería que leyera.

Con ayuda y promoción de un familiar, empecé en la pre-adolescencia, con aquel escrito que referencié en “No soy adivino” y “Si puedes imaginarlo, puedes contarlo”. Después llegó el "Estudio socio-económico de la Serranía de Ronda”, en tercero de la Diplomatura de Empresariales (ver "Trazos del pueblo" y "Riqueza, trabazón y denuedo"), donde, animado por el profesor ayudante de la disciplina universitaria y con la financiación de algún que otro patrocinador, propició la edición de algunos ejemplares (cien), que se distribuyeron en bibliotecas y en el pueblo. Posteriormente, llegaron otras ediciones y autoediciones, algunas enumeradas en el apartado “Publicaciones”. Incluso, los textos que publico en este sitio, de vez en cuando procuro auto-editarlos en formato recopilatorio. En cuanto a la autopromoción, sufres "la caña" que un día sí y otro también te estoy dando con tal o cual texto.

En relación a la convivencia con las editoriales, esta va desde cobrar modestos derechos de autor, como el texto sobre el Nuevo Plan General de Contabilidad de 2007, escrito junto a Milagros (que hizo la mayor parte del trabajo), por el que la editorial Edite Formación aportó cerca de 3.000 euros (aunque los cobró mi socio, la entidad de capital riesgo M Capital, a través de Interempleo Andalucía) o los 2.500 euros que en 2002 me liquidó el grupo Escuela Arte Granada por un libro sobre el plan anterior y mi participación en una obra colectiva sobre e-marketing, hasta irrisorias liquidaciones de otras editoriales, que me dan ganas de decirles que se inviten a un café o una comida, por no hablar de aquellas entidades que legalmente se apropian de los trabajos, por el hecho de estar laborando con ellas, pero que ni tan siquiera te nombran en los créditos. Y es que, como dice el refranero, “De todo hay en la viña del Señor”. ¿Será la autoedición la solución definitiva al ningueno de algunas editoriales a los autores? El tiempo lo dirá, pero hoy es una estrategia que, con el avance de la tecnología, cada vez es más sólida.

Te cuento lo anterior porque en esta semana he tenido el gusto de firmar, con la editorial Conzepto, la cesión de derechos de autor de dos manuales que he redactado en los últimos doce meses, sobre la adaptación de la protección de datos en mi país al Reglamento europeo de Protección de Datos y el Proyecto de Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, contenidos que fundamentalmente se van a utilizar, junto a otros recursos pedagógicos y didácticos, en la conformación de productos formativos digitales, en el marco jurídico de “obra colectiva”. La redacción “proactiva” de las propuestas de acuerdos, como la que he firmado, dicen mucho de aquellas editoriales, como Conzepto, que pretenden hacer las cosas bien, frente a redacciones de otras mal llamadas editoriales, que enmascaran presuntos fraudes y trapicheos al autor, para, al final, si se tercia, liquidarles “cuatro duros”. 

Pero “¿quién le pone el collar al gato?” si en mi país el fraude salpica a la propia Sociedad General de Autores que, según el juez, asciende a cien millones de euros (eldiario.es). En fin, lo anterior hace que fácilmente pueda imaginarse que detrás de contratos leoninos, donde el autor cobra en función de las ventas de su libro, y aunque la ley, en teoría, articula caminos para saber cuántos libros se han vendido, la realidad, desgraciadamente, es otra, porque es muy difícil, por no decir imposible, y, en todo caso, costoso y lento, conocer la verdad de las tiradas, y mucho menos las ventas digitales. Como muestra, la historia contada por Eugenio Viñas en Valencia Plaza, o el explícito texto de Vicente Ríos en autoedítate.com: ¿Cómo detectar un timo en editoriales especializadas en coedición? A buen entendedor… Como propone Vicente, más de un autor deberá ir sopesando la autoedición, autopromoción y, por derivación, autoventa. Fuente de la imagen: pixabay.