sábado, 22 de octubre de 2016

Dulce creencia

Dicen que las “raíces” del caqui se encuentran en Japón y que el árbol puede llegar hasta los veinticinco metros de altura. El fruto, dulce y jugoso, me trae recuerdos de la infancia, cuando en pleno otoño mi progenitora los recolectaba del inmenso árbol, ofreciéndome el rojo manjar para mi deleite culinario. A veces, cuando no me veía, me atrevía con la escalera y cogía el primero que alcanzaba, pero el sabor solía ser más bien amargo, por lo que pensaba que eran las manos de mi madre las que obraban el milagro de pasar de agrio a dulce.

Y así viví durante años, con esa dulce creencia, hasta que ya de mayor me explicaron lo de la astringencia, por la presencia de tanino y el proceso natural de endulzado de la pulpa, bien en el propio árbol, o en la actualidad, industrialmente, en cámaras. En Mollina (España), me contaron que lo refregaban con vino de alta graduación o aguardiente, para eliminar o atenuar esa astringencia de algunas variedades, mediante el proceso químico de los vapores del alcohol (supongo).

En cuanto a los efectos beneficiosos para mi cuerpo serrano, también de adulto conocí el aporte de vitaminas (A y C), aminoácidos… y sus proporciones de sal, sacarosa, glucosa… que lo convierten en un alimento ideal para el corazón, los riñones, el páncreas… Te comento todo lo anterior porque durante esta semana he estado disfrutando de su sabor, por cortesía de unos familiares que nos han obsequiado con una excelsa fuente de caquis (Gracias).

A continuación te dejo un vídeo, titulado “tiempo de caquis”, subido a Youtube por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medioambiente del Gobierno de España, donde se cuenta la experiencia del cultivo de caqui en la Ribera del río Júcar (Valencia), y los problemas que tuvieron con un hongo que les afectó. (Fuente de la imagen: elaboración propia).

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