jueves, 10 de marzo de 2016

La influencia de la cuna

No estoy tan seguro del dicho "no se es de donde se nace, sino de donde se pace". Me explico. Si eres follower de este sitio, conocerás que, parafraseando a Clarín, "me nacieron" en la Serranía de Ronda. Asimismo, el texto “El futuro de los negocios” lo iniciaba comentando el problema de recogida de basura que acucia el lugar en el que actualmente vivo, Málaga (España), que parece en vías de solución, al menos a esta hora de la mañana, y que ha mantenido a los habitantes de esta bella ciudad rodeados de inmundicia, incendios y malos olores por doquier (Fuente de la imagen: pixabay). 

Obviamente, no es lo mismo nacer en una ciudad de Occidente que en un sitio recóndito del Sáhara. No me refiero a eso, sino a la influencia que la zona donde se emerge a la vida tiene en cada persona. He estado trabajando en algunas ciudades de esta piel de toro que es la península ibérica, pero el caso es que elegí Málaga para vivir porque me gusta tener a la Serranía de Ronda y al mar cerca. No diré de esta agua no beberé, puesto que el destino te empuja por caminos que hoy se desconocen o no se imaginan, pero la continua opción de sacrificar mejoras profesionales por calidad de vida se defiende a capa y espada. 

Por otro lado, desde hace tiempo, hablamos acerca de la globalización y todo lo que le rodea, pero salvo casos extremos, como la beligerancia en Siria y aledaños que desplaza a miles de personas, o la necesidad de emigrar por trabajo, como la de mis compatriotas, me da la impresión que la gente no se mueve tanto por gusto como se argumenta, agarrándonos la orografía con un sinfín de lazos, emociones, sentimientos… Ese ecosistema, tanto cultural como biológico, donde germinamos, la cuna, irremediablemente influye por activa y pasiva en el destino, determinando muchos aspectos de nuestras vidas, entre los que está el lugar donde queremos difuminarnos.

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