sábado, 16 de enero de 2016

La honda de David

Trozo de la litografía de Osmar Schindler (1869-1927): David y Goliath, 1888. Fuente: Dominio público (Wikimedia).
Entre los temas pendientes para contarte, desde el siete de enero estaba la proeza del letrado cordobés, Luis Alfonso Canales, abogado del turno de oficio en mi país, que por el ridículo precio de 416 euros ha llegado hasta el Tribunal Supremo con su cliente y ha ganado un pleito a Telefónica. La noticia la contaba María Peral en El Español (si quieres acceder a ella, clickea AQUÍ), donde Canales sugiere cinco consejos para actuar en estos casos. La noticia la considero interesante por dos aspectos: 1. el perfil de “abogado de oficio” y los derivados “turno de oficio” y “Justicia Gratuita” y 2. la lucha de David contra Goliat (esta vez no le ha fallado la honda a David), las piedras en el camino (Fallo de la Audiencia Provincial) y la dignificación de la labor de los abogados.

La figura del abogado de oficio te la comenté hace unos años en el post “Turno de oficio”, donde presentía la profunda labor que realizan esos profesionales de la justicia, más aún en la actual situación de crisis y desamparo que vivimos en España, con el incremento que con toda seguridad se ha producido en las solicitudes de reconocimiento y en los propios procedimientos, por no hablar del peligro que supone que la actual política de recortes y ajustes por doquier afecte a la sostenibilidad económica del sistema de justicia gratuita así como a su gestión y control. También, como dice Luis Alfonso, es necesario una dignificación del turno de oficio, puesto que conozco casos de actuación profesional en esta materia que, sinceramente, dejan mucho que desear.

En cuanto a la lucha de David contra Goliat ¿qué te voy a contar? “La vida misma”, responderás. Es necesario armarse de valor y de paciencia y seguir tirando del carro hasta el final. Apunta Canales que hay que dejar el tema económico a un lado y buscar el desagravio moral por el daño que Goliat le ha causado previamente a David. Sin embargo, como estudié en clase de Deontología, según Couture[1], la abogacía puede ser la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios. Existe una crítica mordaz a los abogados mantenida durante siglos, pasando históricamente la abogacía por diversas etapas y de ser una actividad noble en Grecia y Roma, se fue paulatinamente convirtiendo en una praxis profesional en época del emperador Justiniano.

Claro, si le preguntas al sector, aglutinado en torno a los Colegios Profesionales, no van a confesar que existe una crisis profesional vinculada al desprestigio social de la abogacía y argumentarán que esa opinión es una generalización precipitada, por lo que debe moderarse, ya que se trata más bien de un error de apreciación que de otra cosa más grave que, según mis ideas claves y apuntes, se explica por la crisis institucional de Occidente, donde esta postmodernidad que nos envuelve machaca cualquier vestigio de principios éticos esenciales. Tampoco ayuda la existencia de sujetos corruptos y la propaganda pública de aquellos litigios en los que se defiende a individuos honestamente mugrientos e inmundos. En fin. Mis felicitaciones a este abogado. No cabe duda que en su mente se encuentra escrito la realización de la Justicia y la salvaguarda de los derechos fundamentales.

[1] Couture, E. Los mandamientos del abogado, p. 6. México: UNAM. 2003.

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