martes, 28 de abril de 2015

Entonces y solo entonces

Desde principios de mes he estado participando en un foro debatiendo el tema de la Unión Europea: unión económica o política ¿la Unión se hará según la idea de Schuman, una unión política?, propuesto por María del Ángel en el marco de la disciplina Derecho de la Unión Europea. Inicié la intervención con una cita atribuida a Romano Prodi[1]: “Lo que ahora hemos de crear es una unión de corazones y de espíritus, que se fundamente en un fuerte sentido compartido de comunidad de destino, en la consciencia de nuestra ciudadanía europea común”. Por otro lado, Pascual Fontaine[2] escribía que reducir la integración europea a un simple esfuerzo de adaptación de las economías de nuestros Estados a los retos del libre comercio mundial y la globalización sería cometer un grave error de juicio. La idea europea nació de la constatación de que «las personas situadas en una situación nueva, o en un sistema de obligaciones diferente, adaptan su comportamiento y se convierten en otras personas. Se vuelven mejores si el nuevo contexto es mejor: es, sencillamente, la historia del progreso de las civilizaciones, y es también la historia de la Comunidad Europea». 

Para Fontaine, “el individuo ocupa el centro del proyecto europeo, en una visión voluntarista y positiva de su capacidad para aprender de los errores del pasado a fin de preparar un mundo mejor para las generaciones futuras. Partiendo de la base de las instituciones y del mensaje dejado por Robert Schuman y los artífices de su tiempo, son ahora las europeas y los europeos quienes deben culminar la unidad del continente, interrogándose sin cesar sobre la contribución que esta Unión seguirá aportando a la civilización”. En el texto ¿Institucionalización del caos?, sobre el Tratado de Lisboa[3], apuntaba la opinión del profesor Javier Tajadura Tejada[4], acerca de la ruptura del principio de irreversibilidad (previsión de que los Estados puedan renacionalizar competencias previamente cedidas) y el papel que se otorga a los parlamentos nacionales en el control del principio de subsidiariedad, en el sentido que pueden vetar proyectos de regulación en defensa, precisamente, de ese principio de subsidiariedad. En palabras de Tajadura, esta previsión supone “institucionalizar el caos”, desde el momento en que se incorpora al ordenamiento jurídico de la Unión Europea, las opiniones de los parlamentos nacionales, entre ellos, el español. 

En ese sentido, no quisiera ser pesimista (en todo caso, realista, con los pies en el suelo), pero el paso atrás que supuso la Constitución Europea y esa institucionalización del caos que comenta Tajadura, me hacen sentir cada vez más lejos esa unión política y, como dicen algunos expertos, si se da, no sé si la veremos nosotros. Reconociendo que me encuentro afectado o influenciado por la situación política y social que vivimos actualmente a nivel europeo en general y en España en específico, unido al arraigo en mi mente de esa institucionalización del caos referenciada en el párrafo anterior, sigo pensando que la parte positiva del proyecto europeo favorece esencialmente a la élite financiera y, en mucha menor medida, a los ciudadanos y ciudadanas de a pie. La parte negativa hace estragos y es caldo de cultivo de extremismos que ya fueron muy perjudiciales en el pasado histórico. Como muestra un botón: hace poco leíamos en los medios de comunicación que, en relación a las tragedias del Mediterráneo, Alemania y el Reino Unido dan un giro y se implican en la crisis mediterránea (Fuente: El País). ¿Cuántas muertes han tenido que computarse para este nuevo brindis al sol de estos dos países con el desgarrador tema de África? 

También, hace unos días, preguntaba Josep Ramoneda (Fuente: El País) ¿Qué es Europa? ¿Es una fortaleza que se cree privilegiada y es capaz de imponer un peaje que puede llevar a la muerte? “Personas que huyen del desastre, cargueros viejos, mafias que explotan a los parias, países fallidos, autoridades cómplices, gobiernos que miran a otro lado, dirigentes europeos que hablan de dolor y tristeza pero que no hacen absolutamente nada para evitarlo”. El Papa Francisco dice que “son hombres como nosotros, hermanos que buscan una vida mejor: hambrientos, perseguidos, heridos, explotados, víctimas de guerras. Hombres y mujeres como nosotros. Buscaban la felicidad”. Para Ramoneda, son interesantes las palabras del Papa porque reconocen que esos muertos “buscaban la felicidad” y recuerdan que esos muertos “son hombres como nosotros, hermanos que buscan una vida mejor”. 

¿Qué queremos que sea Europa? Martin Schulz: “Sin un enfoque común basado en la solidaridad, que dé a las personas la oportunidad de venir legalmente, la próxima tragedia es sólo cuestión de tiempo". Según Ramoneda, estamos ante un "bucle infernal: los inmigrantes presionan las fronteras terrestres y marítimas, los gobiernos miran a sus electorados y ven cómo se propaga con éxito el discurso del miedo y del rechazo, más todavía cuando la austeridad expansiva ha empobrecido a media Europa, y no hacen nada, hasta la próxima tragedia, en que se volverá a repetir el mismo esquema: horror en las portadas de los medios de comunicación, miedo a la opinión pública, inmovilismo de los gobernantes, y silencio”. En fin. Volviendo a la tragedia del Mediterráneo, la Unión Europea ofreció el primer plan concreto para "intentar contener la llegada de inmigrantes del sur” (leído en varios medios de comunicación). La diplomacia europea entendía que, sin resolver los conflictos de África y Oriente Próximo, la única manera de contener los flujos de extranjeros es taponar las vías de salida. Por eso los líderes acordaron dar más dinero a varios Estados africanos para que supervisen las rutas que conducen principalmente a Libia, el punto de partida de la mayoría de los barcos. Sobran mis palabras. 

Cavilando en positivo, quiero pensar que para la Comisión Europea, una unión económica y monetaria eficaz y un euro fuerte y estable sientan los cimientos para un entorno económico propicio al crecimiento en Europa[5]. Suena bien ¿Verdad? “Los graves y persistentes desequilibrios económicos acumulados con el paso del tiempo son también una de las causas subyacentes a la crisis económica. Y no solo sumieron en dificultades a cada uno de los países de la UE afectados, sino que repercutieron claramente en la estabilidad económica de la eurozona y de la UE en su conjunto. Esto puso de manifiesto hasta qué punto las economías de la eurozona y de la UE eran interdependientes.” Con todo ese rosario de pactos, la Unión Europea pretende garantizar una futura Europa más profunda y amplia, donde se identifiquen los problemas antes de que surjan y se tomen medidas correctoras. Sin embargo, a tenor de los últimos sucesos de las corrientes migratorias y el Mediterráneo como cementerio de personas, esto parece que no se está consiguiendo. Parece que el nuevo marco para la gobernanza económica se está aplicando con “el telón de fondo de Europa 2020, la estrategia de la Unión Europea para impulsar el crecimiento en esta década”. 

Obviamente, las políticas económicas son cruciales para lograr un crecimiento inteligente, sostenible e integrador en beneficio de los ciudadanos europeos. Lo anterior implica un impulso de la competitividad entre las empresas de la UE para ayudarlas a competir a escala mundial, desarrollar sus actividades económicas y crear nuevos puestos de trabajo, una potenciación del empleo, una garantía de finanzas públicas sostenibles y una consolidación de la estabilidad económica para precisamente proteger esas economías, esos puestos de trabajo y esa anhelada prosperidad contra las “sacudidas externas”. Finalmente, para caminar hacia esa idea de Schuman de unión política, es necesario disponer de dispositivos sociales más consistentes que posibiliten certificar los arbitrajes, providencias y discursos vinculantes adoptados de común acuerdo por los ciudadanos y ciudadanas de Europa, garantizando una perenne rendición de cuentas democrática y una proactiva participación política. Entonces y solo entonces se conseguirá una auténtica e indiscutible unión política (Fuente de la imagen: sxc.hu).

[1] Romano Prodi, Presidente de la Comisión Europea ante el Parlamento Europeo, 14 de septiembre de 1999.
[2] Pascal Fontaine, doctor en ciencias políticas, fue el último ayudante de Jean Monnet, con quien trabajó de 1973 a 1977. Jefe de Gabinete del Presidente del Parlamento Europeo de 1984 a 1987. Profesor del Instituto de Estudios Políticos de París. Comisión Europea. Publicación: UNA NUEVA IDEA PARA EUROPA. La Declaración Schuman, 1950-2000. Segunda edición por Pascal Fontaine. Serie: Documentación Europea. Luxemburgo: Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas. 2000.
[3] Ortiz Vidal, María Dolores. “Espacio Judicial Europeo y Tratado de Lisboa: Hacia un nuevo Derecho Internacional Privado. Cuadernos de Derecho Trasnacional. 2010. Universidad Carlos III de Madrid.
[4] Tajadura Tejada, Javier. El futuro de Europa. Luces y sombras del Tratado de Lisboa”. Editorial Comares. Granada. 2010.
[5] “La unión económica y monetaria y el euro”. Comisión Europea. Dirección General de Comunicación. Publicaciones. 1049 Bruxelles/Brussel. BELGIQUE/BELGIË (2013), Si se quiere acceder: http://europa.eu/pol/index_es.htm.  

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