lunes, 4 de agosto de 2014

Lo que no enseñan

Interesante sobremesa la que disfruté ayer, escuchando a Paqui, Antonio, Germán y Conchi charlar sobre un tema que, si eres follower de este sitio, no pecarás de ignorancia porque te lo he comentado en más de una ocasión: lo que enseñan y no enseñan en las escuelas de negocio. Textos como “¿Sólo responsabilidad moral?”, “Subempleados”, “Menos estrellas y más estrellados”, “En la copa del árbol”, “A buenas horas, ...”, “Cuestionando tu MBA”, “El Negocio de las Escuelas de Negocio“ o “Hijos de papá“ son buena prueba de ello. En “Desconectadas de la realidad” te escribía la percepción de que los programas de estas escuelas de “alto rendimiento” no consiguieran modelar a ejecutivos para acercarse a los rasgos en educación, nivel de formación, experiencia, habilidades intelectuales, incluso físicas (vida sana) y mentales (armonía interior), del líder que se necesita para navegar en la globalización, con altas dosis de ética, moralidad y sustentabilidad. A duras penas consiguen moldear, a lo sumo, perfiles de funcionarios, centrados en la burocracia, gestión y ganancias a costa de EREs, concurso de acreedores y recortes por doquier, además de expertos en lobbies y otros grupos de presión.

Si bien no albergo dudas sobre la importancia de los estudios reglados y no reglados en el día a día de cualquier profesional, directivo, mando intermedio, emprendedor … tampoco vacilo al pensar que otros conocimientos, también trascendentales y que podríamos catalogar con suma prudencia como “experiencia”, "ética" y "moralidad", todavía no se orientan, ni tan siquiera se tutelan, en las escuelas de negocio. En este sentido, hace más de un cuarto de siglo Mark McCormack[1] apuntaba interesantes reflexiones a partir de lo que no enseñaban en la Escuela de Negocios de Harvard, por ejemplo, “cómo conocer mejor a los clientes”, ya que el éxito empresarial estriba en un conocimiento textual acerca de cómo reaccionarán las personas frente a una decisión, bien sea al comprar un producto o en la propia negociación, por lo que mientras más se conozca al interlocutor, será más sencillo propiciar un clima en el que se manifieste prósperamente. Otra muestra puede ser todo lo que envuelve al arte de vender, poniendo en práctica reflexivamente habilidades que conocemos instintivamente y que hemos utilizado a medida que progresábamos. Sin embargo, en los negocios estamos siendo siempre evaluados para determinar lo bien que lo hacemos. Finalmente, La mayoría de los procesos involucrados en la creación de un negocio dependen de que escuchemos nuestro sentido común y de que convirtamos la teoría en práctica (Fuente de la imagen: sxc.hu).

[1] Mark McCormack. “What They Don't Teach You At Harvard Business School : Notes From A Street-Smart Executive”.  Ediciones Bantam Books. 1988.

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