miércoles, 29 de enero de 2014

"Sí puedorl"

La última nota del cuatrimestre llegó bien entrada la tarde de ayer. La mañana me pilló en una reunión de trabajo en Granada y, a riesgo de ser descortés con los congregados, aprovechaba los recesos para consultar la plataforma virtual de la universidad, pero nada de nada. Ya en Málaga, el mensaje de una compañera en el grupo de Facebook me puso en alerta y corrí desesperado. Objetivo cuatrimestral cumplido. Ha sido duro, pero mientras más cuesta, más gratificante es el resultado (siempre que sea positivo, se entiende).

Es curioso como aquellas disciplinas en las que, sobre la marcha, me ilusioné en (o soñé con) obtener algún sobresaliente, la valoración final se ha encontrado por debajo de las expectativas generadas durante el estudio y, por el contrario, materias en las que me hallaba tenso, ya fuera por su peso, dificultad, extensión o entendimiento, ofrecen un rendimiento final que me ha sorprendido gratamente.

Pero, retrotrayéndome al principio, dado el dilatado tiempo que no afrontaba un reto universitario de esas características, unido a que conforme se cumplen años, si bien se razona distinto, la capacidad de retención también es distinta que cuando tenía dieciocho primaveras, sin olvidar el inconveniente del trabajo profesional y dedicar tiempo a la familia y el necesario descanso, conformaron el objetivo inicial de aprobado raspado y me daba con un canto en los dientes si lo conseguía.

Craso error. Como decía Tomás, profesor de Derecho Procesal, hay que ponerse metas ambiciosas ¿Por qué no una matrícula de Honor? Tal vez, el quid de la cuestión se encuentre en el equilibrio entre potencialidad y esfuerzo, lo que deriva en que, por ejemplo, un cinco, aunque no compute para la beca de Wert, pueda considerarse satisfactorio (o no).

Por tanto, eso de estudiar sólo para aprobar, por muchas excusas que enumere, ya sea trabajo, edad, familia, etc., no es buen planteamiento. Como estudiante debo visualizar rendimientos afanosos que propicien notas excelentes y ante contingencias e imprevistos, garanticen, al menos, el aprobado, como mal menor.

También, me ha quedado meridianamente claro que el día a día, ese rutinario ardor y perseverancia que se imprime periódicamente, a lo run run del parquet, genera un desmedido provecho global que irremediablemente afecta positivamente a la nota final y destroza las psicológicas trincheras mentales del tipo “no puedorl” (“puedorl”, vocablo atribuido a “Chiquito de la Calzada”). 

Finalmente, como “no puede ser” de otra forma, dedico las calificaciones obtenidas a la sufridora familia, a la tutora Mirian, al manojo de buenos profes, a mis compis de pupitre y, por supuesto, a ti, que me acompañas en este momento (Fuente de la imagen: elgif.com, conforme a las normas de uso descritas en su página web).

2 comentarios :

  1. Lo cierto es que cada uno de nosotros tiene unos condicionantes que hacen imposible generalizar unas conclusiones sobre las notas. Personalmente, a pesar de que no he dejado de estudiar en mi vida, estoy siendo más organizado que nunca porque no puede ser de otra manera. Mis objetivos son: aprender, divertirme y, por supuesto, aprobar para poder ir avanzando en los dos anteriores. Sucede que al tomarlo tan en serio y trabajar los temas en profundidad resulta natural aspirar a la máxima calificación. Pero es una aspiración que valoro más como muestra de lo aprendido y como "aseguramiento del aprobado" que como obligación. ¡Bendito esfuerzo cuyo mal mayor sea el aprobado! Y lo digo porque echando la vista atrás, hace más de 25 años cuando estudié ingeniería industrial, el 5 era una aspiración casi mitológica, que se convertía en una obsesión por encima incluso del propio aprendizaje. Aprender se aprendía, claro, pero con violencia. Y recuerdo que muchos (muchos) optaban directamente por la trampa y la justificaban moralmente apelando precisamente a esa violencia del sistema (círculo vicioso, porque los profesores consideraban justificado moralmente extremar la dificultad de las pruebas muchísimo más allá de lo razonable, dado que preveían las trampas). En resumen: tener ganas de seguir aprendiendo, tener ánimo suficiente para soportar el esfuerzo y tener una familia que lo entiende y lo apoya, es "per se" un gran logro (en mi modesta opinión). También os dedico el éxito a los compañeros de e-pupitre porque estuve a un pelo de tirar la toalla al juntárseme varias cuestiones prioritarias. Pero como no quería perderos de vista he estado un mes durmiendo cuatro horas al día. Una soberana estupidez para quien se supone que ya tiene la vida resuelta (si eso existe hoy en día), pero -como bien has dicho- al final ha sido gratificante. (Lo peor de todo ha sido controlar el peso corporal porque a mí estudiar me invita a saquear la nevera, la despensa y cualquiera otro lugar donde pueda haber comestibles)

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  2. También me pasa lo mismo en cuanto a la organización y tiene
    bastante sentido lo de “aprender”, “aspiración”, “muestra de lo aprendido” y,
    en todo caso, “aseguramiento del aprobado”.



    Finalmente, como te gusta las preguntas, te hago otra:
    ¿Quién tiene hoy en día la vida económica y emocional resuelta? Amigo, la Vida
    es un camino. En mi caso, estos estudios no sólo cumplen una función de
    preparación profesional, sino mental y generadora de nuevas sinergias en todos
    los sentidos como, por ejemplo, la convivencia virtual que hemos labrado en
    estos trimestres, que no tiene precio.

    Ahora tu y yo a quemar calorías.




    Te dedico este post: “Cálido patrocinio”. Que tengas un buen
    día.

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Hola. Gracias por la visita. Saludos. Manuel