lunes, 30 de diciembre de 2013

Puertas giratorias

Se conoce como puerta giratoria (del inglés revolving door), al movimiento de altos cargos del sector público al sector privado y viceversa. Algunos sociólogos hablan también de "rétro-pantouflage" en el caso de altos funcionarios que han desarrollado sus carreras en los gabinetes ministeriales, para luego marcharse al sector privado, volviendo a un puesto de más importancia a cambio del "sacrificio" financiero que constituye esa vuelta a la función pública.

No quiero que finalice este año sin escribir directamente sobre el término “puerta giratoria”, que ya he referenciado indirectamente en algunos textos. Recurriendo a la Wikipedia, la etimología del concepto parece que se remonta a la palabra francesa «pantoufle» (sandalia), que en la escuela politécnica de administración pública francesa se utilizaba para designar la renuncia a la carrera pública al finalizar los estudios. Más tarde, el término coincidió con la cantidad a reembolsar en caso de no respetar el compromiso de 10 años de servicio a la administración pública francesa. Habitualmente, era la empresa que contrataba al estudiante al final de sus estudios la que pagaba la pantoufle.

Hasta aquí todo normal. Pero en la actualidad, como ya se ha descrito en el primer párrafo del texto, puerta giratoria o pantouflage designa de forma coloquial el hecho de que un alto cargo público se marche a trabajar a una empresa privada, obteniendo beneficio de su anterior ocupación pública y eventualmente produciendo conflictos de interés entre la esfera pública y la privada, generalmente en beneficio del interés privado y en perjuicio del interés público. El término se aplica también a los políticos que tras una elección o tras la pérdida de una cartera ministerial, ocupan un puesto de gran remuneración en una empresa privada, en ocasiones con unas responsabilidades limitadas, centrándose casi exclusivamente en la práctica del "lobbying", mientras esperan la ocasión de volver a la escena política.

Dicen expertos tertulianos que estos políticos que practican el pantouflage, revolving door o puerta giratoria, tienen todo su derecho. Aunque existiera una total transparencia en su contratación y su actividad a desarrollar fuera meramente simbólica, no estoy en absoluto de acuerdo con que ejerzan puestos en el sector privado. ¿Qué pasa con el conflicto de intereses, la ética y la moralidad? Por ejemplo, como ciudadano español, me duele que Felipe González sea consejero de Gas Natural y José María Aznar de Endesa, por la deontológica relacionada con la intromisión de las esferas de influencia de estas “grandes empresas” en los intereses generales de los españoles. Creo que a estas alturas del alba, sobran mis palabras. Te dejo en el encabezamiento un cuadro (fuente: Wikipedia) con algunos de los susodichos, pero la lista es mucho más larga.

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