jueves, 25 de julio de 2013

Punto Pelota

Hace unas semanas un contacto me filtró que una consultora de ámbito regional estaba seleccionando a un gerente para una ONG y que mi perfil podría encajar con lo que el cliente de la empresa de selección estaba buscando. Le trasladé los frentes a corto plazo y mis objetivos a medio plazo, entre los que se encuentra finalizar el grado, lo que implicaba un horario flexible.

Como conocía mi trayectoria y curriculum, siguió insistiendo y que no perdía nada por trasladar mi interés en conocer el proyecto, así que, dado que el consultor de la consultora también era contacto mío en otra red social, preparé un texto con enlaces y lo lancé al ciberespacio.

Resalté la experiencia en entidades sin ánimo de lucro, con los objetivos conseguidos e, incluso, linkeé el vídeo doméstico que grabé sobre gestión de este tipo de organizaciones (si quieres verlo, clickea AQUÍ). En fin, una presentación utilizando al máximo el poder de la Red. Cual fue mi sorpresa cuando recibo una enlatada contestación orientándome a la página web de su empresa de selección e insertara el CV.

Cuando visito su plataforma no encuentro la forma de incorporar el curriculo virtual interactivo que había confeccionado. Estuve a punto de enviarle un email al socio de la consultora, que también es contacto, pero en ese momento se me pasó por la mente la selección de gerente para una corporación de Derecho Público, hace unas décadas, puesto ya asignado previamente, por lo que desistí.

Ayer me dijo el amigo que no había enviado el curriculum vitae a la consultora y que todavía estaba a tiempo. Le dije que sí lo había remitido, pero no en el formato que ellos querían y que el trato y las opciones telemáticas para incorporar los datos en su web habían eclipsado la ilusión inicial. Punto Pelota (Fuente de la imagen: sxc.hu).

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