domingo, 9 de junio de 2013

Lo aguanta todo

Corría el siglo XVI, con el “batalleo” entre Francisco I y Carlos V por el control de parte de Europa, cuando el primero remitió al segundo una declaración de guerra comunicándole sus aliados. Dicen que Carlos V respondió “El papel lo aguanta todo” (Fuente “No todo está derecho”), en el sentido que lo escrito o programado no tiene por qué coincidir con lo ejecutado o la propia realidad de los hechos pronosticados.

Esta semana que ahora termina recordé el dicho anterior mientras escuchaba a la representación de un bufete, de reconocido prestigio en mi ámbito territorial de actuación, cuestionar la brevedad de un plan de viabilidad confeccionado por el equipo directivo de una entidad y que previsiblemente se sometería a la consideración de los agentes pasivos.

Acostumbrados los abogados a legajos económicos y financieros de trescientas y más páginas, andaban desconcertados por un documento de apenas cuarenta folios. Al decirles que “tropecientos” papeles dan para mucho y para nada (si no, que se lo pregunten a Bárcenas y su caso), requirieron más precisión en la respuesta.

Centrándome en el documento sobre el que demandaban opinión, apunté que era de valorar la claridad y el sencillo pero efectivo enfoque del grupo redactor, por encima incluso de la rigurosidad o método tradicional de elaboración de un plan de negocio. Por mucho que se sigan empeñando las escuelas de negocio, donde han estudiado los socios del despacho, en lo contrario, hoy inversores, acreedores e, incluso, entidades financieras, coinciden en la importancia de una redacción sucinta, precisa, clara, diferenciadora y con retazos diestros de visionaria. Después, la realidad se encargará de refrendar o no su bondad predictiva, pero eso será otra historia (fuente de la imagen: sxc.hu).

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