miércoles, 26 de junio de 2013

APP

Según la Wikipedia, app (del inglés application), es un programa informático diseñado para ser ejecutado en teléfonos inteligentes, tabletas y otros dispositivos móviles. Por lo general, se encuentran disponibles a través de plataformas de distribución, operadas por las compañías propietarias de los sistemas operativos móviles como Android, iOS, BlackBerry OS, Windows Phone, Firefox OS, entre otros. Existen aplicaciones móviles gratuitas o de pago, donde en promedio el 20-30% del costo del software se destina a la distribuidora y el resto es para la desarrolladora.

Si bien recientemente he estado con un experto en estas lides, ver post ¿Quién da más? (la imagen de cabecera es de su página web: movion.es), el almuerzo de ayer en la Axarquía lo compartí con los representantes de un grupo de pymes y de rebote me enteré del empeño de varios de ellos en aplicar este tipo de soluciones a sus actividades empresariales. Como era mayor que alguno de mis interlocutores, no pude aguantar no contarles mis batallitas de principios de los noventa del siglo pasado, cuando era director de auditoría interna en la agrupación de interés económico Euromarket ( ver post “Ni seguratas ni chivatos ni detectives”) y conocí los lectores de códigos, lencos y otros instrumentos de tratamiento de información móviles (ver post “Código de respuesta rápida”).

Evidentemente, aquellas maquinitas, aunque eran precursoras de la tecnología objeto de este post, se encontraban a años luz de las soluciones que podrían existir actualmente. Y digo bien: “podrían existir”, porque me da la impresión que no son tantas como parecen o aparentan sus creadores o promotores, al menos en el ámbito territorial donde me muevo. Sobre la marcha, un comensal me reenvió el artículo de Colin Steele en techtarge, “Four things to keep in mind when developing mobile applications”, donde se describen unos interesantes consejos  a la hora de desarrollar este tipo de software específico, extraídos de la E2 Conference, celebrada recientemente en Boston.
         
Escribe Steele sobre la importancia del diseño de aplicaciones escalables, fáciles de integrar en surtidas plataformas. Una técnica, que me parece obvia, es la capacidad de concentración en las necesidades del cliente o usuario, así como grandes dosis de flexibilidad, que ayude en su trabajo diario. Otra evidencia es la relativa a que no es viable disponer de una misericordiosa solución APP si no se encuentra enlazada óptimamente a la central de recursos. Finalmente, el necesario feedback vía monitorización del uso para sobre la marcha ir ajustando el desarrollo y adaptándolo a las nuevas necesidades operativas.

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