miércoles, 14 de marzo de 2012

¡Que vienen los chinos!

Corría el año 1998 cuando el contacto Juan Antonio me invitó a pasar con su familia unos días en la Sierra de Segura (Jaén, España). Fue cuando por primera vez escuché la frase “Que vienen los chinos” (también, escuchamos en la casete la machacona canción “Los niños del parque”).

Por lo visto, “Que vienen los chinos” lo decía un lugareño de un pueblo perdido de Jaén. “Pechá” de reír que nos pegamos. Años después, rememoramos las historias y la frase, volviendo a revolcarnos de risa.

Recientemente la he recordado, pero no me he reído. Ha sido al escuchar lo que parece ser dijo el presidente de Mercadona, en la presentación de los resultados de esta cadena de distribución.

Por un lado, es un placer leer que en el año pasado esta corporación privada incrementó la plantilla en 6.500 puestos de trabajo. De primera mano sé lo que cuesta actualmente insertar en el mercado laboral una, dos y hasta quince personas, por lo que la cifra de Mercadona es muy respetable.

Si, además, consigue beneficios netos y expandir el negocio, pues hay que felicitar y aprender.

Pero, por otro lado, me dejó descolocado el comentario respecto al “esfuerzo chino”.  Y eso fue lo que me trajo a la memoria la frase de Juan: “Que vienen los chinos”, pero en ese momento te reitero que no me reí como antaño, todo lo contrario.

La verdad, no quiero ver a Roig dentro del saco de presuntos empresarios y profesionales que manosean los iconos, las historias, las leyendas y las usanzas orientales como máscaras para tapar censurables técnicas de gestión, dirección y relaciones societarias y comerciales, por no hablar de actuaciones apócrifamente mafiosas, mientras se jactan en los foros empresariales e institucionales de lo guapos que son y los tipos que tienen.

Con todo el respeto a la cultura china, si es cierto el presunto enfoque productivo que se comenta cotidianamente en la sociedad española, es decir, trabajar dieciocho horas al día, siete días a la semana, ya se tenga tres o noventa años, tengo que discrepar. ¿Cuándo tienen tiempo de convivir, y no ya de consumir? Precisamente, en el post ¿Importar o exportar? escribía que parece que estamos importando de los países asiáticos sus censurables políticas productivas, ya sea en el trato al medio ambiente, los horarios o las retribuciones de sus trabajadores y trabajadoras.

¿Es a eso a lo que Roig llama cultura del esfuerzo? Un respetable contacto, de perfil muy conservador, lo llamaría más bien “cultura de la esclavitud”, es decir, volver a edades históricas no deseadas por la inmensa mayoría de los habitantes de ese mundo que llamamos "civilizado".

También, es bueno recordar, ya que la política, las organizaciones empresariales e incluso los sindicatos lo olvidan con bastante facilidad, que la masa trabajadora o en condiciones de trabajar en España no ha sido precisamente la que nos ha metido en esta crisis de órdago que nos ahoga.

No nos despistemos. El responsable ha sido ese grupo de sin escrúpulos, integrados por una élite de mal llamados empresarios, ejecutivos, financieros o políticos que, quién sabe si en algún lugar protegido del planeta, están decidiendo repartirse los pillajes de la tercera y última guerra mundial.

Y es a los trabajadores/as, en condiciones de trabajar o que ya han trabajado, a los emprendedores, verdaderos empresarios y, en resumen, a las personas decentes de este país, sean conservadoras, liberales, progresistas o sin clasificación, a las que por ahora les toca pagar la factura, ya sea tributando más, recibiendo menos o pasándolas canutas en el cenagal del desempleo y la miseria.

Debería el Sr. Roig explicar mejor qué es lo que ha querido decir, porque si no lo aclara, a pesar de los indiscutibles objetivos económicos y laborales que ha conseguido su empresa, puede que personas que hoy son sus clientes, se planteen si seguir comprando en sus centros o dirigirse a otros establecimientos, ya sean mercados de abastos, supermercados o los tenderos de los centros comerciales abiertos o cerrados, que también trabajan con denodado esfuerzo y no se comparan con otras culturas o civilizaciones (Fuente de la imagen: stock.xchng).

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