sábado, 18 de febrero de 2012

Las raíces

En la cultura china no se aceptan regalos valiosos de los extraños, pero sí los pequeños obsequios de los amigos, sea té, fruta o vino, después de que los anfitriones rechacen los regalos de los invitados varias veces antes de aceptarlos.

Ayer estuve en el cumpleaños de un contacto y amigo, con aspiraciones a ejercer un cargo público próximamente, si los resultados de las elecciones le son favorables a su partido.

El hombre se toma muy en serio lo de los obsequios de terceros y estaban charlando sobre el tema cuando llegué. No suelo llevar regalos a este tipo de reuniones. Ya somos mayorcitos, así que hice el típico comentario. “Te parece poco regalo mi presencia”.

Bromas aparte, los contertulios no supieron dilucidar qué es lo que empuja a un político a tener tanta falta de ética en el ejercicio de su cargo. Alguien dijo que quien acepta pequeños obsequios, está en predisposición de mirar a otro lado con grandes sobornos.

Lo anterior es fuerte. Tienen muchas tentaciones, desde los ingentes presupuestos que manejan hasta el ejercicio propio del poder en el filo de la navaja entre lo ético y lo ilegal, por no hablar de los influyentes lobbies o pseudomafias que pululan por doquier y que presionan para conseguir sus censurables fines.

Por ejemplo, ahora el político habla mucho de la situación del desempleado y que toda reforma tiene su justificación si se genera empleo. Bien, pero el buen político tiene que prestar atención a sus “clientes”, además de ser un probo, honrado, íntegro ciudadano en su comunidad.

La idea es volver a las raíces del concepto “política”. El político tiene ante sí un camino donde puede crear valor y gestionar lo público que sus votantes no pueden hacer por sí mismos (fuente de la imagen: stock.xchng).

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