viernes, 14 de octubre de 2011

El necio, el déspota y el demente

Ayer, el contacto Juan Manuel me hizo pasar una agradable tarde. Mientras esperaba la llamada de un medio de comunicación para entrevistarme, me contó su desastrosa experiencia con algunos de los ex-socios que había tenido en el pasado.

Se me va la olla escuchando a este emprendedor de sesenta y pico años de edad según su carné, pero muchas menos primaveras si me fijo en su brío.

Rosario de socios lleva a sus espaldas. Hace tiempo, década de los setenta del siglo pasado, montó un bar de moda con un necio, ensimismado con detalles inútiles, reuniones a todas horas y torpe en la solución de los temas. Un poco más y lo meten a él en el mismo saco de estupidez.

Más adelante, se introdujo en el mundo de la informática, pero en servicios de consultoría. Le tocó un déspota y experto en el arte de convencer al otro para que hiciera lo que el quería, sin que ese otro lo advirtiera. Para subsistir a este perfil, tuvo que utilizar técnicas que rallaron lo picaresco.

Y le tocó el turno al maniático o demente. Esa persona que se auto-cataloga de emprendedor exitoso hecho a sí mismo, alimaña camuflada en piel de bebé oso panda, que no acepta que se le refute, violento, retorcido y que piensa que para triunfar hay que ser infame, perverso, maligno y siempre con el puñal preparado para cuchilladas traicioneras.

¡Uf! Con este último tuvo difícil separarse cuando se dio cuenta de la sabandija con la que se había asociado. Cedió más de lo aconsejable y se mordió la lengua en algunas curias públicas y en muchos foros privados. Todo por asentar cantidad de tierra de por medio. Todavía se estremece al recordar el enfoque profesional y las innobles y mafiosas artes ancestrales que tuvo que soportar.

Terminó comentando que esas experiencias traumáticas son las que le hicieron aprender más y mejor, enriqueciendo otras relaciones societarias proactivas. Si puedes, disfruta de un reparador fin de semana (Fuente del dibujo: imagenes-gratis.net).

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Hola. Gracias por la visita. Saludos. Manuel