sábado, 5 de febrero de 2011

Espejuelos mentales

La mañana de ayer me la pasé refugiado en la formación de mis treinta aspirantes a profesionales de la Animación Turística, la Promoción de Productos y las Actividades de Catering.

La terapia me vino de perla. Las tristezas y tonterías de los días anteriores, se esfumaron en el intento de trasladar a ese manojo de buenas personas, el conocimiento que se me presupone.

Renovado por la maratón de clases, la sensible reunión de la tarde la afronté con savia distinta, tal vez nueva, y enfoqué el fin de semana menos cansado que otras veces. Ya de vuelta al hogar, reflexioné sobre algunos aspectos del desarrollo del periodo profesional que terminaba.

En concreto, sobre el error que comentemos los que estamos en puestos de dirección, a la hora de no compartir información con el equipo, limitando la cognición de la empresa o institución o circunscribiéndola a nuestros intereses personales.

Cuando los espejuelos de las ventanas de nuestra mente, nos impiden distribuir información importante, antes y durante el transcurso de las decisiones, vamos cuesta abajo y sin frenos.

El caso es que esa consciencia restringida es fruto del condicionamiento a que se ve sometido nuestro cerebro, ya sean por las agendas ocultas, las presiones internas o externas o la manipulación consciente o inconsciente y, en todo caso, consentida, de colaboradores/as o miembros del equipo.

¿Cuál es la solución? Además de tener siempre presente los intereses del proyecto y que éstos se encuentran por encima de los intereses individuales de cada miembro, por muy respetables que sean, el quid de la cuestión puede yacer en estar siempre atento.

Si piensas que un posible desajuste podría forjar un perjuicio casi irremediable, es el momento en ser mosca cojonera en obtener completa información para decidir adecuadamente (foto de imagenes-gratis.net).

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