domingo, 13 de febrero de 2011

Corporación imperialista

Por razones personales y profesionales, en lo que llevamos de año he contactado con ejecutivos de varios grupos empresariales de tamaño mediano en Andalucía (España). Me he sorprendido del número de empresas de mi ámbito territorial de actuación que todavía siguen con la estructura de órdenes y control, a modo de “corporación imperialista”, gestionadas, supervisadas, intervenidas, desde una cúpula central, donde verdaderamente se “corta el bacalao”.

El presidente o “number one” disfruta, como “guarro en un charco”, en el saludo a su gente por los pasillos de sus empresas, pero ¡hey!, jamás distribuye información, sólo la que él piensa que es estrictamente necesaria. Se relame en su sillón o en su deporte favorito, pensando en la jerarquización del organigrama real (no el oficial), soberanamente estructurado, donde la autoridad se encuentra evidente, las decisiones se toman en el cielo, es decir, en el ala noble y en su suite presidencial, y el conocimiento que se necesita para realizar las tareas y los procesos yace en el suelo, es decir, en la Intranet corporativa.

Ese alto directivo, que comulga y practica el imperialismo organizativo, se siente cómodo, seguro, en una estructura compuesta de actividades empresariales que parece que funcionan de forma autónoma, pero realmente son controladas desde la cúspide, donde se determina y supervisa la estrategia a seguir, mediante un sistema de instrucciones, mandatos e intervención, de forma que los vasallos saben en todo momento qué es lo que tienen que hacer para contentar al mandamás (organigrama de imagenes-gratis.net).

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