miércoles, 24 de febrero de 2010

Poda emocional

Ayer, desde una carretera de la comarca de Antequera (Málaga, España), divisé, entre las hileras formadas de vides, una figura que me era familiar. Aparqué a mate (ver post "El viejo mate"), que tantas veces, antaño, había transitado por esos caminos, y con los zapatos Martinelli afronté la vereda, encharcada por las recientes lluvias y embarrizada por el tránsito humano. 

Conforme me acercaba, la emoción acrecentaba los latidos del corazón. Allí estaba mi respetado y querido presidente en la etapa profesional que me tocó vivir en Mollina (ver post “Si el vino viene, viene, la vida“). 

Después de un sentido abrazo, cambiamos impresiones sobre cuestiones económicas y comerciales relacionadas con el vino, el aceite y la aceituna de mesa, las lluvias y el retraso de las tareas del campo, la educación de los peques (es profe en un colegio o, como a él le gusta, “maestro”), la edad de jubilación…  ¡y tantas otras cosas! Con su traje de faena, igual que cuando lo conocí, con sus tijeras ceñidas en la cintura, a lo sheriff del Oeste, en la faena de poda del viñedo. 

¡Qué pronto se me pasó el tiempo! Ya de vuelta, en la capital, me resistí a quitar el barro del calzado. ¡Poda emocional! La primera foto es con Paco y la otra de una vid, que fue sembrada por su padre en el año en que mis padres me engendraron y que, por tanto, tiene la misma edad que el que te escribe esta mañana. En Facebook te dejo unas instantáneas de los viñedos.

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