miércoles, 21 de enero de 2009

La fábrica flexible

Fuente de la imagen: Gellinger en pixabay
Desde hace unos años, he procurado no perder de vista los datos de facturación de nuestras fábricas. Según el INE, el Índice General de Producción Industrial (IPI) ha experimentado una variación del –17,2% en noviembre de 2008, respecto al mismo mes del año anterior (ver nota de prensa). La facturación en la industria se desploma en noviembre de 2008, con respecto a igual mes de 2007, el mayor descenso desde 2003, fecha a partir de la cual se elabora la serie histórica, y las entradas de pedidos lo hicieron un 28,1% (ABC, El País).

Cuando el sector manufacturero cae en este tipo de espiral de recesión, el caudal de destrucción de empleo es muy difícil atenuarlo, pero hay que preservar la base industrial. Más que nunca son necesarias soluciones creativas. En esa línea, las empresas que pretendan sobrevivir y ser competitivas deberán incrementar el uso de la tecnología –producción inteligente o robotización-, para ajustar costes y aumentar la calidad del producto final.

Hace ya unos años, mayo de 2003, Adam Aston y Michael Arndt escribían en Business Week sobre “la fábrica flexible” -The Flexible Factory -, que recoge la integración entre ordenador y máquina, de forma que las plantas de producción fueran adaptables, en el sentido de producir pedidos concretos: pequeñas cantidades con gran margen bruto. La tecnología tiene un papel primordial en este planteamiento organizativo de la producción. También, los usuarios de las máquinas deben encontrarse predispuestos para aprender el uso de ese know-how tecnológico (foto de una cadena de producción automatizada; fuente: Wikipedia). Imagen incorporada posteriormente; fuente: Gellinger en pixabay.

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