viernes, 20 de enero de 2006

Conversaciones grabadas

El remedio para el corazón, según Stephen Covey, es suponer que los demás pueden oír lo que se dice de ellos; y hablar en consecuencia. He estado tomando un café con un amigo, político, perfil conservador, militante activo pero, ante todo, buena persona. Anda el hombre un tanto triste y desorientado. Resulta que le han grabado una conversación con otro individuo, sin su consentimiento, tomando un café, en la que criticaba la actuación política de miembros del comité ejecutivo en no sé que cuestiones sobre la compra de terrenos, plusvalías, comisiones, construcción de viviendas y del debate sobre el estado de la nación. Lo han hecho a través de un teléfono móvil que pusieron en medio de la mesa, sin más, así de fácil. Le pregunto si está así por lo comprometido de sus palabras, me dice que no, que lo volvería a decir en el foro adecuado; está apesadumbrado por las malas artes de algunos personajes de la vida política y por el carácter amoral o ilícito de la acción en sí.

José L. González Chusca dice en el diario Levante que es lícita la grabación por uno de los interlocutores. Parece que esta cuestión ya quedó zanjada con la Sentencia del Tribunal Constitucional 114/1984 (Sala Segunda), de 29 noviembre, donde se declaró el derecho al secreto de las comunicaciones, esto es, el derecho fundamental a la libertad de las comunicaciones, el derecho a su secreto y la interdicción de la interceptación o del conocimiento antijurídico de las comunicaciones ajenas. Así pues, desde esta resolución se clarificó que quien emplea durante su conversación telefónica un aparato amplificador que le permita captar la conversación para otras personas, o el que graba su conversación incluso telefónica, no viola el derecho fundamental al secreto de las comunicaciones. Y desde esta perspectiva resulta un comportamiento perfectamente lícito.

Le traslado mi modesta percepción o, si puede llamarse, experiencia como actor pasivo. Una cosa es comunicar o pedir permiso y otra es hacerlo sin que el interlocutor ni siquiera sea consciente. He estado en reuniones de trabajo donde había un mechero o un portátil sospechoso, en despachos de altos directivos con alguna cinta de grabadora encima de la mesa o de un mueble, en entrevistas formales e informales de trabajo donde se me ha puesto un móvil cerca o en medio, etc. He asistido a largas e interminables reuniones de Asambleas, Juntas Directivas, Comités Ejecutivos, etc. donde se han grabado las sesiones. No sólo no me afectan sino que, en algunos casos, las justifico, siempre que previamente se comunique a los asistentes o participantes el recurso técnico que se va a utilizar.

Desde hace tiempo sigo el consejo de Covey; reconozco que con esa actitud no nado en la abundancia económica, he perdido algunos “amigos”, aunque he ganado otros, duermo muy bien y puedo mirar a la cara a todos los empresarios, altos directivos, equipos de trabajo, compañeros/as y resto de colaboradores/as con los que he tenido la oportunidad de trabajar. Es triste saber que alguien a quien quieres utiliza artes con las que tú no comulgas, pero, en todo caso, es su problema, no el tuyo, amigo. Apunta González Chusca que el ciudadano que conversa con otro ha de asumir el riesgo de ser grabado por el interlocutor: Es un problema de cada uno la elección de lo que dices y a quien se lo dices.

El Derecho garantiza el secreto de las comunicaciones exclusivamente frente a las injerencias del Estado y frente a la injerencia de terceros, pero no es secreto lo que uno acepta hablar, escribir o comunicar con otro. En este sentido no hay duda de la licitud de las grabaciones por uno de los interlocutores. Ánimo, amigo, el partido donde militas y, sobre todo, la sociedad, necesita de personas como tú. Cuídate (Formato cambiado posteriormente. Fuente de la imagen: sxc.hu. Imagen incorporada posteriormente; fuente: pixabay) .

domingo, 15 de enero de 2006

Lamentatio jeremiae prophetae

(Lamentación del profeta Jeremías) Según el libreto que acompaña a la grabación CANTATE DOMINO, ALLELUIA del coro de monjas benedictinas del Real Monasterio de San Pelayo (Oviedo, 30 y 31 de octubre de 2005), las Lamentaciones de Jeremías son una antigua colección de cinco cantos en la que el autor (o autores) describe con términos patéticos el duelo de Jerusalén y de sus moradores. 

La liturgia ve en estos cantos un anuncio del drama del Calvario.

Cada una de las frases de esta triste melodía va precedida de una letra del alefato (alfabeto hebreo). 

Llama la atención, de manera particular, la última frase, Jerusalén, Jerusalén, en la que la melodía intensifica su carácter suplicante.

Esta lamentación se canta en el oficio del Jueves Santo, concretamente en el I Nocturno de Maitines. 

La escucho para meditar, mientras practico footing. 

Si podéis y os puedes y te apetece, oírla una vez y luego me comentáis qué os parece.

(Formato modificado con posterioridad. Imagen de la carátula del cd. Canción Ave Maris Stella, cortesía de goear).

viernes, 13 de enero de 2006

Mediocridad, inhibición y corruptela

Fuente de la imagen: gavilla en pixabay
La situación político-económica y social actual de Marbella y esa memoria que reposa en las interconexiones de mis neuronas, han refrescado reseñas históricas recogidas en un libro que me regaló hace ya unas décadas D. Francisco Martín, doctor en Ciencias Económicas y Empresariales y profesor de la Universidad de Málaga. Se editó en el año 1984 y trata sobre la economía y la sociedad en el siglo XVI: “Moriscos y cristianos en el partido de Marbella”. Me anotó una dedicatoria que transcribo: “A mi amigo Manuel para que se dedique a la investigación”. Lo siento Paco, no me consagré a la exploración de la historia y la estructura económica (todavía), pero tenías razón en muchas cosas, como la de los ciclos económicos, las similitudes históricas y todo eso. Gracias por tu docencia, por tu ánimo en el programa de doctorado y tu guía en mis tanteos en la enseñanza privada. Extraigo a continuación unos retazos del voluminoso paquete de datos que contiene el texto.

Es, cuando menos, singular y curioso el procedimiento seguido en la formación de las “suertes” de las tierras de los moriscos expulsados del partido de Marbella (siglo XVI, años 1574 y siguientes), que se repartirían a los nuevos pobladores, y su incidencia posterior. Según el profesor Martín, el sistema de repartimiento utilizado sólo ayudaba en el corto plazo a la igualdad cualitativa (todas las suertes debían tener de todas las clases de tierra y de la misma calidad) y cuantitativa (todas las suertes debían tener la misma superficie) de las tierras del municipio, pero no al futuro económico y social del proyecto. Esta máxima igualdad municipal fue la base de crisis económicas posteriores y profundas desigualdades intermunicipales, unido a los problemas derivados del perfil profesional y familiar del nuevo factor humano, los repobladores, con una mediocre cualificación en el oficio de agricultor, su edad y el estar constituidos por una sola generación (ausencia de ancianos, capacidad laboral de los cónyuges y emancipación de los hijos). 

Las cosechas interesantes en los dos primeros años de la repoblación (hablamos de 1574 y 1575) cambian de signo en el año 1576, disminuyendo en más de un 21% (ídem en ganado), generando un empobrecimiento y malestar en los nuevos agricultores. La consecuencia económica fue la sustitución del sistema productivo originario de los moriscos, con diversificación de producciones y utilización de los sistemas de regadíos, por un sistema cerealístico de secano, que hizo disminuir las producciones y la renta con el consiguiente empobrecimiento de la población de Marbella. Las causas de este retroceso productivo y no consecución del resultado esperado por la Corona, se encuentran fundamentalmente en la desidia, corruptela y abuso de las autoridades públicas locales, la escasa formación en agricultura de los nuevos propietarios, mediocridad profesional, y su pereza productiva motivada por los impuestos que tenían que liquidar. 

En la mayoría de los municipios del partido de Marbella la gestión de los concejos dejó mucho que desear, desde inhibición de los abusos cometidos por los regidores y algunos vecinos de la ciudad de Marbella, hasta permitir que los repobladores convirtieran las tierras de riego en secano, con el consiguiente detrimento productivo. ¿Podríamos fantasear en que esto último fuera una de las raíces de los, parece ser, usos y costumbres relacionados con el saltarse a la torera la planificación urbanística ordenada, armoniosa, equilibrada, y degeneración en una construcción agresiva, depravada e insostenible, de la que muchos son responsables, no sólo los guijarros, unos por acción y otros por omisión? En todo caso, deberíamos aprender de la Historia. Saludos (Formato de texto modificado con posterioridad. Fuente de la imagen: sxc.hu). Imagen incorporada con posterioridad; fuente: gavilla en pixabay.