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| Fuente de la imagen: mvc archivo propio |
Es necesario que el profesional sea consciente de que los tratamientos de datos que realizan pueden llegar a tener un impacto grave en los derechos y libertades de terceros. El cifrado debe aplicarse tanto a la información que se comunica (datos en tránsito) como a la información almacenada (datos en reposo). En el ámbito de las comunicaciones, es necesario utilizar servicios de correo electrónico y aplicaciones de mensajería que ofrezcan cifrado de extremo a extremo. Asimismo, es recomendable cifrar ficheros adjuntos sensibles antes de enviarlos. Respecto al almacenamiento, la medida más eficaz es cifrar el disco duro de todos los ordenadores y teléfonos móviles que manejen información confidencial. Si un dispositivo se pierde o es robado, el cifrado del disco hará que los datos permanezcan inaccesibles sin la clave de descifrado. Si se utiliza la nube, además de elegir proveedores seguros, se recomienda aplicar el propio cifrado previo a los archivos sensibles antes de subirlos. Sin embargo, el cifrado, por sí solo, no es una solución mágica. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) subraya que los datos personales cifrados continúan siendo datos personales. Si se descifran de forma incorrecta o si la clave se ve comprometida, la información queda expuesta. Por ello, el cifrado debe ir de la mano de una estrategia más amplia de privacidad que incluya la minimización de datos (recopilar y guardar solo la información estrictamente necesaria) y, lo más importante, la correcta gestión de la clave: esta nunca debe enviarse en el mismo mensaje o plataforma que el archivo cifrado, sino a través de un canal separado y seguro (como una llamada telefónica o un gestor de contraseñas).
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2025). El Cifrado como Herramienta para la Protección de Datos. Sitio Protección de Datos. Visitado el 22/04/2026.
