viernes, 27 de marzo de 2026

Cómo se Consigue un Crecimiento Justo y Verde

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Por un momento, piensa que la economía de un país es como un coche: para que dure y te lleve lejos obviamente necesita combustible, que debe ser eficiente, cuidar el medioambiente y asegurarse de no dejarte en el camino. Precisamente, una pieza clave de la estrategia económica de España (M. Velasco, 2011)[1], busca exactamente eso: transformar el modelo productivo para conseguir un crecimiento más sólido y equitativo, que respete a la naturaleza. Lo anterior es una variante de la economía redonda (M. Velasco, 2003)[2], entendida como patrón de crecimiento que consigue armonizar el desarrollo económico, el social y el ambiental. La finalidad es disponer de un tejido económico productivo y competitivo que genere empleo de calidad, promueva la igualdad de oportunidades y fortalezca la cohesión social, todo ello mientras se respeta el medioambiente y se utilizan los recursos naturales de manera inteligente, pensando tanto en las generaciones de hoy como en las del futuro. Esta gran transformación se articula mediante una serie de reformas que tocan muchos aspectos de la vida pública y empresarial. Una parte básica tiene que ver con mejorar el entorno económico, lo que implica propiciar que las reglas de juego florezcan más claras y eficientes. Por ejemplo, se busca que la actuación del sector público sea más transparente. Asimismo, se ha puesto el foco en los mercados financieros, promoviendo mayor transparencia en las empresas que cotizan en bolsa. En un intento de asegurar un crédito responsable, se exige a las entidades financieras que evalúen la solvencia de quienes piden un préstamo, junto a darles información clara y comprensible sobre los productos bancarios, como si fuera una advertencia detallada antes de firmar un contrato. Igualmente, el sector público tiene la obligación de ser sostenible financieramente, lo que implica aplicar políticas de racionalización y contención del gasto. Incluso se pide a las empresas públicas que, al presentar sus memorias, muestren cómo están impulsando la sostenibilidad, haciendo especial hincapié en la igualdad efectiva entre mujeres y hombres y la plena integración de las personas con discapacidad.
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Otro contrafuerte es la competitividad. Para que las empresas crezcan, se busca eliminar barreras burocráticas innecesarias, lo que incluye simplificar la vida administrativa: si antes se necesitaba una licencia local para abrir un pequeño negocio, ahora esa exigencia se restringe solamente a actividades que realmente afecten a intereses importantes, como la salud, la seguridad pública o el medioambiente. Además, se promueve la conexión entre la ciencia y la innovación (I+D+i) y las empresas, facilitando que los centros de investigación transfieran sus conocimientos al sector privado[3]. No olvidar el impulso a la formación profesional, para que la oferta educativa se adapte rápidamente a las demandas del mercado laboral, formando a profesionales en los nuevos empleos y facilitando que las personas puedan actualizarse constantemente. Finalmente, la sostenibilidad medioambiental es el tercer eje, implicando transformar el modelo energético y de transporte. En cuanto a la energía, en su momento se gestó un compromiso firme para que al principio de la tercera década de este siglo al menos el 20% del consumo final de energía procediera de fuentes renovables, como la solar o la eólica, buscando reducir la participación de energías que emiten mucho CO2. También, se promovieron políticas que favorecieran el ahorro y la eficiencia energética. Un ejemplo son los Planes de Movilidad Sostenible a nivel autonómico o municipal, que buscaban fomentar medios de transporte que contaminen menos, como el transporte público o los vehículos eléctricos. En ese sentido, se intentó impulsar el uso del vehículo eléctrico e híbrido, exigiendo que los planes de movilidad consideraran criterios ambientales, sociales y económicos. Adicionalmente, se creó un fondo[4] cuyo propósito era estimular actividades económicas con bajas emisiones de carbono, como una forma de combatir el cambio climático. Concluyendo, en su momento la normativa buscaba ser una herramienta estructural para que todas las administraciones y agentes económicos trabajasen juntos hacia un futuro en el que el crecimiento fuera más fuerte, más verde y más justo para todas las personas.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2011). Economía Sostenible en España. Sitio Economía Sostenible. Visitado el 27/3/2026.
[2]  Velasco-Carretero, Manuel (2003). La Economía Redonda. Sitio visitado el 27/3/2026.
[3] Por ejemplo, se fomenta la creación de empresas innovadoras basadas en tecnología, lo que ayuda a que el conocimiento desarrollado en las universidades no se quede en los laboratorios. 
[4] El Fondo de Carbono para una Economía Sostenible.