viernes, 3 de marzo de 2017

La avaricia rompió el saco ilícito

Hace más de una década, en el texto “Las lavanderías de Al Capone”, te contaba mi confusión acerca del origen terminológico de “blanqueo de capitales”. Pensaba que estaba relacionado con, eso, limpiar, lavar el dinero sucio proveniente de actividades ilegales, para convertirlo en impoluto, legal. Pero no es exactamente así. Su principio es concreto, localizado, ubicándose en la década de los veinte y treinta del siglo pasado, en el marco de la "Ley seca", caldo de cultivo de mercado y dinero negro a raudales, donde capos como Al Capone o Lucky Luciano hacían florecer los beneficios de sus negocios ilegales, vía actividades empresariales que podían generar bastante cash con dificultad de saber su procedencia, dentro del sector servicios, como podían ser las cafeterías, los restaurantes, las peluquerías… o el caso de las lavanderías, negocio con pocos costes, posibilidad de teóricos grandes márgenes y complejidad a la hora de la detección de la fraudulenta afluencia de ingresos, a través de imaginarios clientes y sus hipotéticos "menudeos" de compras. 

Dicen que "la avaricia rompió el saco", en este caso, saco ilícito. Cuentan que tanto dinero llevaban al banco, que algunos de estos mafiosos se olvidaron de algo tan trascendental como es el pago de impuestos al Montoro de turno (en el texto de 2005 aparece el Pedro Solbes de turno). El caso de Al Capone es paradigmático y hoy considerado sumario “de libro”, ya que al abrigo de un nuevo ordenamiento jurídico conformado en la segunda mitad de la década de los años veinte, el gobierno estadounidense pudo acosar a esta mafia por el delito de evasión de impuestos. Al Capone fue cercado por Eliot Ness y sus "Intocables" y finalmente cazado por evasión fiscal. Así que el origen del término blanqueo de dinero (lavado de dinero en Hispanoamérica), viene de las lavanderías con las que los mafiosos transformaban el dinero ilícito en lícito, vía afloramiento de ganancias a través del supuesto menudeo de compras por parte de la ficticia clientela y, luego, se supone, pagando los preceptivos impuestos, salvo Al Capone, al que, por lo visto, se le olvidó.

Años después, en “Acotamiento del término”, incorporé la definición de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), que acota el blanqueo como ese delito consistente en la adquisición o comercialización de bienes, en especial dinero, que procede de la comisión de un delito grave. Las raíces las establece Covadonga Mallada Fernández (Fiscalidad y Blanqueo de Capitales. Departamento de Derecho Público. Universidad de Oviedo. 2011), en la Edad Media, referenciando Las Partidas de Alfonso X El Sabio (Sánchez-Arcilla Bernal, J. “Las Siete Partidas: el libro del fuero de las leyes. Reus. 2004) “cuando la usura fue declarada delito” a raíz de que “los prestamistas ingeniaron medios para burlar la ley muy parecidos a la práctica de hoy en día para blanquear dinero. Sigue aportando Mallada información sobre los orígenes cuando trae a colación que “los piratas y corsarios volvieron a poner en práctica estas técnicas de blanqueo” (Barrio Gonzalo, M. Esclavos y Cautivos. Conflicto entre la Cristiandad y el Islam en el siglo XVIII. Junta de Castilla y León. 2006).

Te comento lo anterior, porque el miércoles pasado estuve escuchando a Nielson Sánchez Stewart (ex Decano del Colegio de Abogados de Málaga y Consejero del Consejo General de la Abogacía Española), impartir una ponencia magistral sobre Prevención de Blanqueo de Capitales, especialidad de la que es un reconocido experto, tanto en el ámbito profesional como en el doctrinal (también parlamentó acerca de las relaciones económicas de los letrados, pero sobre esta cuestión te escribiré la semana que viene). Comentó Nielson el tema de las lavanderías de Al Capone así como otros matices doctrinales con su peculiar docencia, preñada de agudeza y sátira (¡Ah! ¡Qué bien se absorbe el conocimiento con pinceladas de humor!). 

De toda la interesante disertación, en esta mañana de viernes voy a transponer una sinopsis de esas cinco obligaciones que, para Sánchez Stewart, debe tener en cuenta el letrado en el tema del blanqueo de capitales (y que, francamente, me gustó la síntesis que expuso): conocer al cliente, conocer el origen de los fondos de la operación, guardar la documentación que posibilite la verificación del cumplimiento, comunicar al SEPBLAC los indicios o certezas en materia de blanqueo y abstención ante indicios o sospechas. Finalmente, por si es de interés, te dejo link a uno de sus artículos en esta materia, publicado en Abogacía Española: “El blanqueo ha alcanzado dimensiones tan importantes que puede afectar a cualquier abogado”. En conclusión: una tarde bien aprovechada (Fuente de la imagen. Pixabay).

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