miércoles, 8 de marzo de 2017

El Honor y la Necesidad

El viernes pasado, en el texto “La avaricia rompió el saco ilícito”, te comenté que en esta semana iba a escribir sobre las relaciones económicas de los letrados. Como lo prometido es deuda, brevemente reflexionaré sobre la raíz del concepto “honorarios”, apoyándome en las nota que recopilé en la asistencia a la ponencia de Nielson Sánchez Stewart (abogado, Doctor en Derecho, ex Decano del Colegio de Abogados de Málaga, Consejero del Consejo General de la Abogacía Española y Presidente de la Comisión de Prevención de Blanqueo de Capitales del Consejo General de la Abogacía Española).

Y es que, en relación al origen de la palabra “honorarios”, comentó Nielson algo que ya me explicó hace unos años el jurista y doctor Tomás Aliste Santos, en sus clases sobre Deontología, en el sentido que al principio, en el imperio romano, las personas que ejercían la abogacía, aristócratas en su mayor parte, no cobraban, considerando la percepción de prebendas por sus acciones "jurídicas desinteresadas", como un deshonor; hasta que en un determinado momento, el ordenamiento jurídico romano institucionalizó el cobro de honorarios.

Pero Sánchez Sttewart expuso algo que no sabía: que un tal Saulio (por las fechas, tiendo a pensar que el "honor" le corresponde al senador Marco Suilio Nerulino, puesto que su padre, Publio Suilio Rufo, fue más bien un temido delator), el que, por el año 47 de esta era, “pleiteó” por lo que consideró un derecho a cobrar honorarios por el servicio realizado a su “cliente”, con el argumento de que toda actividad profesional debía posibilitar, al que la ejerciera, poder vivir de ella. Hoy en día, por suerte o por desgracia, al menos en España, no sólo es un honor, sino, sobre todo, una necesidad (Fuente de la imagen: pixabay).

Para terminar, te dejo un vídeo, subido a Youtube por la abogada Donna Alcala, con unas peculiares deliberaciones sobre lo que debe ganar o gana un letrado, reflexiones que, con todo el respeto hacia Donna y su labor divulgativa, ni en el fondo ni en la forma la mayoría comparto, sobre todo lo referente a la distinción entre abogados juniors y seniors en materia de retribución. El quid de la cuestión, en mi opinión, se encuentra en saber o no saber y en poner y defender un valor, puesto que, como dijo Deming, "las cosas no son caras o baratas por sí mismas, sino en relación a otras".

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