martes, 5 de enero de 2016

Una metodología para la moral

La tarde de ayer la pasé repasando las manifestaciones, pruebas, hitos o demostraciones de toda argumentación moral que se precie. A pie de post te dejo copia de uno de los esquemas a los que estuve dándole vueltas. Y es que, según mis apuntes, cuando se procede al examen de las cuestiones morales básicas para establecer un juicio moral sobre determinado asunto o cuestión, se debe tener siempre presente una serie de fundamentos objetivos, sin los cuales dicho juicio no puede efectuarse, entre los que se encuentran los propios valores morales y las normas que debemos respetar. Entendido valor moral como esas posibilidades de actuación en la esfera moral. Entendida norma como la expresión objetiva, positiva y vinculante de un determinado valor, expresado con claridad y precisión lingüística.

A su vez, el razonamiento moral es un raciocinio que exige coartada o defensa, atendiendo a una lógica deductiva que parte del establecimiento de unas referencias concebidas como indudables - premisas-, que, en virtud de una correspondencia intrínseca de subordinación entre ellas, trasladan también a una conclusión cierta; es decir, conforme al siguiente esquema: premisas – inferencias – conclusión. Asimismo, de no existir certeza sobre alguno de los elementos que componen el bosquejo anterior, se puede estar ante supuestos de síntesis moral errónea, bien sea por error involuntario o por existencia de una intencionalidad en el mantenimiento del error, entrando así en el ámbito propio de las falacias argumentativas.

En cuanto a la metodología para estudiar la casuística moral de todo problema, asunto o cuestión, ya sea político, social o, incluso, emocional, ésta se podría enfocar atendiendo a modelos metodológicos que caminan desde un examen y posterior explicación del caso real a estudiar, cuestionar y reflexionar sobre las premisas que fundamentan cada argumento, análisis detallado de las previsibles refutaciones a cada tesis, investigación de las posibles alternativas existentes y, finalmente, decidir teniendo presente primordialmente el propósito moral de la decisión, su justificación ética y su grado de aceptación por el colectivo al que va dirigida.

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