domingo, 8 de noviembre de 2015

Marmita emocional

Si eres seguidor de este sitio, de la lectura del título no extraigas conclusiones precipitadas. No pretendo darte gato por liebre o traicionar tu fidelidad. Confieso que ya he tratado este tema en más de una ocasión pero, a riesgo de caer en la pesadez, esta mañana me apetece escribir sobre este plato y aunque donde hay capitán (tú) no manda marinero (yo), como es fin de semana me permitiré esa licencia. Tampoco pretendo imitar a Koldo y sus recetas (ver “Marmitako de bonito”), porque no le llego ni a la altura de los tobillos.

Y es que ayer me di el gusto de preparar a la familia una marmita con bonito que previamente ojeé y adquirí en el mercado central, con una relación calidad/precio de escándalo, diría. Terminando la temporada del bonito del norte, recordé los buenos tarros en aceite que de este atún blanco los extintos y siempre entrañables Juli y Miguel me regalaban por estas fechas (¡Va por vosotros, estéis donde estéis!). Así que me puse a la faena, sustituyendo la cebolla por puerro y aplicando un generoso chorro de vino blanco de Mollina (No utilicé picante porque había peques invitados).

Te dejo una instantánea. Doy fe que a los comensales les gustó. Hay varios trucos que aprendí en mi estancia en el Pais Vasco (ver “La Tregua”), como el de realizar un caldo previo con las partes que no voy a utilizar (espina, piel…) o el de echar las patatas en trozos no muy grandes y desgajados. Te dejo, un vídeo, subido a Youtube por verycocinar, con una sencilla receta de marmitako. ¡Qué aproveche!

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