martes, 8 de septiembre de 2015

Enseñar a bailar a #MálagaValley

En “Suerte les deseo”, te apuntaba el texto de James A. Belasco (sí, Velasco, con “B”) que compré en 1992: “Enseñar a bailar al elefante” (Plaza y Janes), imagen que incluyo en el encabezamiento del post de esta mañana. Ayer volví a recordarlo cuando, vía Alejandro, llegué al artículo del informático y fundador de Virustotal, Bernardo Quintero (@bquintero), publicado en Diario Sur, “El elefante digital en Málaga”, sobre la situación de Málaga Valley (el club que te describí hace casi nueve años en "Silicon Valley malagueño", localizado en Málaga, España) y el Polo Digital en la ciudad donde trabajo, proyectos que otros, en línea con lo argumentado por Bernardo, ya consideran fracasos estrepitosos y cementerio de paquidermos a su "selectivo club". Describe Quintero la degradación que, en torno a esos proyectos, las tecnologías están sufriendo tanto en la universidad como en la empresa, ante la impasibilidad y connivencia de sus promotores y allegados, dedicados a lobby exclusivo de sus intereses profesionales, mientras vocean a diestro y siniestro el excelente clima de la capital y la oferta de mano de obra barata que ellos mismos se encargan de promover y ciertas consultoras y mal llamados headhunter comisionan, haciendo negocio con la “carne humana” de becarios, quinientoeuristas... Lo que no le ha dado tiempo a expresar a Quintero es que ese escenario que registra el colectivo de profesionales a los que se dirige (informáticos, telecos…), es calcado al de otros sectores de experticias (ADEs, Derecho…), también producto laboral de los mercadillos de empleo auspiciados por organizaciones empresariales, corporaciones de derecho público, algunas entidades sindicales y, por supuesto, la propia Universidad.
La foto corresponde a los miembros del Club Málaga Valley durante la celebración en Málaga del Emtech España en octubre de 2011 (Fuente: Wikipedia). Rescatando las enseñanzas de James A. Belasco en su libro y adaptando e interpretando ese conocimiento, recomendaría a todas aquellas personas que piensan como Bernardo, entre las que me incluyo, que una vez visualizado claramente el contexto, muy bien descrito en el artículo de referencia, con las actuaciones de las personas implicadas, el personal en todos los niveles (desde el buscador de empleo hasta el experto colaborador, pasando por el docente y el formador), se centre en crear un mañana distinto, poniendo en valor su trabajo y el de quienes coordinan, enseñan, asesoran o dirigen. Como razona Belasco, la visión imprimirá la diferencia y las actuaciones marcarán el ritmo del elefante, siendo la gente la clave de ese cambio y la nueva cultura que se respire en todas las capas del tejido económico y social de Málaga, será esencial en el proceso. Deseo fervientemente que esa corriente de desesperación preñada en el artículo comentado, empuje al elefante a salir de la habitación de Bernardo, comience el baile escrito por James y los presuntos líderes de esos proyectos se den cuenta que las agendas ocultas (sí, esos dietarios enunciados en "Cartas boca arriba") de los miembros de sus clubes y polos son el verdadero problema.

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