sábado, 15 de agosto de 2015

Bailar el Tiempo

Después de trasnochar, viendo la película “Wall Street: El dinero nunca duerme”, viajé al mundo de Morfeo pensando en que debo dejar de quejarme de que me falta tiempo para esto y para lo otro. Creo que el problema no es la escasez o abundancia de tiempo. El Tiempo es el que es, ni más ni menos. Los 1440 continuos e indivisibles minutos que te referenciaba en el post ¿Y si no es comercial, qué es? son los que son y los que se desaprovechen, desde mi óptica, son irrecuperables.

Ya en la película, mientras distinguía a los protagonistas, con Michael Douglas en el papel del excarcelado broker Gordon Gekko, el maremágnum de las burbujas especulativas y la crisis hipotecaria, reflexionaba acerca de la importancia de domar al tiempo a través del compás de la perenne sinfonía de su transcurrir, en un imperecedero baile con él y, a la vez, conmigo mismo (Fuente de la imagen: pixabay y elaboración propia).

Si logro sintonizar continuamente con los distintos ritmos que me rodean, sobre todo las consonancias asimétricas, heterogéneas o desiguales que pululan por doquier, enfoque que denomino “sutileza estacional”, crearé en mi mente la sensación de subyugación o, al menos, aprovechamiento del tiempo (mejor, de mi tiempo), aunque tal sensación, realmente, sea fingida o convencional, puesto que, como te decía en el párrafo anterior, el Tiempo siempre será el que es, tanto para ti como para mí.

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