sábado, 4 de julio de 2015

¿Quién ha dicho abuso?

En el marco de Derecho Privado de los Contratos II, durante el mes de junio he estado participando en un foro sobre cuestiones controvertidas y actuales del préstamo y la financiación. Iniciaba Beatriz la madeja de los hilos de intervención preguntando si se ha abusado de la financiación externa o bancaria para cualquier actividad ordinaria y no sólo para imprevistos, ya fueran préstamos para la casa para el coche, para las vacaciones, para la comunión del niño, para los estudios… En síntesis, sobre los efectos de ese posible abuso de financiación y de la práctica generalizada de financiar todo en la actual crisis económica. Indudablemente, a estas alturas de la película de la crisis actual que estamos padeciendo a nivel global y en específico en España, no cabe duda que la manga ancha de la concesión crediticia por parte de las entidades financieras en la primera década del siglo XXI, con la complicidad de las entidades tasadoras, ha sido una de las desencadenantes de la grave situación financiera que padecen muchas familias y, en menor medida, empresas en nuestro país. 

Esta reflexión también es de aplicación en específico a la compra de vivienda y su “loca” financiación vía hipoteca, que ha llevado al españolito de a pie a un sobreendeudamiento “¿irreal?” en el que, inicialmente, era un convidado de piedra (al estar en manos del triángulo amoroso formado por las inmobiliarias, los bancos y las tasadoras, en muchos casos en manos de los propios bancos), pasa a ser el primer y, tal vez, único damnificado de esta ya no tan presunta estafa monumental. Ante tanto despropósito, clama al cielo la falta de sensibilidad, desde que se es consciente de la gravedad, del legislador de turno en atenuar el calvario injusto de tantas familias, más preocupado en sanear los balances de las entidades financieras con cargo a las arcas públicas.

Y explotó la burbuja, primero en EEUU y luego en Europa, con España como estrella invitada de todo este desaguisado. Aquellas economías, como la española, que sustentaron el crecimiento económico fundamentalmente en el “ladrillo”, están sufriendo más que aquellas otras con una diversificación más razonada y razonable. Obviamente, los “usos y costumbres” del sistema bancario vuelven al redil del que nunca debían haber salido, unido a una restricción del crédito consecuencia de sus propios saneamientos y los círculos viciosos de compra y refinanciación de las deudas de los estados, generando mercados presuntamente ficticios o circulares (BCE – Banca Privada – BCE y vuelta a empezar). Y en medio de todo, el ciudadano y la ciudadana de a pie, sea griego, español o portugués, y la masa de pymes y autónomos, que le llueven tortas por todos los lados (recortes, más impuestos, paro, desahucios…), verdadero y probablemente único damnificado, reitero (Fuente de la imagen: pixabay).

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