miércoles, 10 de junio de 2015

En un lugar y en un tiempo

Después de mantener una sesión de trabajo con los compañeros y el coordinador clínico, camino del hogar, me acordé de la conversación de cuatro personas en el metro, horas antes, sobre la próxima “#embestida” de Susana Díaz (frase atribuida a la responsable de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, que está estupefacta por la actuación de la presidenta en funciones de la Junta de Andalucía). La cantidad de improperios que escuché en unos minutos en el semi vacío vagón de tren, sobre la situación política que se vive en mi Comunidad Autónoma. Se nos va la fuerza por la boca, pensé. Tenemos lo que nos merecemos, recurrí. Ciertamente, algunos nos lamentamos de las míseras decisiones, hipocresías, renuncios... de nuestros semejantes, ya sea en la política, la justicia… y luego, a la hora de la verdad, escurrimos el bulto, agachamos la cabeza y nos confundimos en el rebaño borreguil. Igualmente pasa en la empresa. Ya sea en el desayuno, en los descansos o, incluso, en el wasap, enumerando las dificultades, conflictos y controversias y después, a toro pasado, encanta decir la consabida frase “Ya lo dije”. Pero ahí nos quedamos. ¡Bah!

Un colaborador o colaboradora comprometido/a identifica los problemas, los analiza y, si procede, propone soluciones en los foros adecuados. Me gusta estar cerca de esas personas, me siento seguro entre esos líderes que crecen en el equipo donde se encuentran integrados y hacen que el grupo brille junto al proceso, a la actividad, a la empresa y al ámbito territorial y sectorial de actuación. Dice Pepe que es cuestión de confianza. Lleva parte de razón. Si confío en mí mismo, en mis capacidades e, incluso, identifico y asimilo las debilidades, sucederán cosas distintas y mejores alrededor. Tal vez deba comunicar de forma más abierta mis dudas, reflexiones y conclusiones sobre tal o cual tema, evaporando las agendas ocultas y propiciando confianza en los interlocutores para que, a su vez, ellos también dialoguen francamente y la energía que nos envuelva mueva montañas. Pero si me escondo ante la coacción o influencia negativa de los de siempre, empeñados en socavar cualquier proceso de confluencia, acuerdo, avance o cambio, no tendré derecho no ya a quejarme, sino a comer el cereal y a beber el agua que día a día, con incomprensible desprendimiento, el destino ofrece a este injusto ungido de este inicuo mundo, que justo antes de encender la llama de la vida, inviste a unos y maldice a otros por el incomprensible hecho de nacer en un lugar y en un tiempo determinado (Fuente de la imagen: sxc.hu).

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