miércoles, 19 de marzo de 2014

Elitismo Beligerante

Recientemente, con motivo del repaso de la historia de la Administración como historia del poder estatal, me he encontrado la consabida frase “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, de finales del siglo XVIII, como eslogan del “Despotismo Ilustrado”, que justificaba el poder absoluto para lograr el bienestar de los súbditos, interviniendo en la vida social y en la libertad de los ciudadanos.

Después, el mensaje evolucionó a “poder del pueblo por y para el pueblo”, lema del Estado Liberal, donde la soberanía recaía en el pueblo como fuente y origen de todos los poderes, así como la separación tajante de poderes que se establece como garantía de libertad para los ciudadanos. También, se gesta el reconocimiento de la libertad, la igualdad y la propiedad, además del principio de legalidad.

Así hasta que llegamos al denominado Estado del Bienestar, momento social y democrático de derecho que supone el sometimiento de todos los poderes públicos y de todos los ciudadanos a la ley, garantizando la libertad, la igualdad y el pluralismo político. ¿Dicho o reseña de este Estado de Providencia? Se me ocurren algunas, pero en estas horas del alba no recuerdo ninguna de carácter oficial.

¿Y ahora en qué estado de gracia o desgracia estamos? Al menos en mi país lo catalogaría acuñando “Elitismo Beligerante”, con el lema “todo para la élite a costa del pueblo”. ¿Por qué dañino o perjudicial? Porque realmente no estamos sufriendo una crisis, sino una nueva, descomunal y silenciosa guerra, de unos pocos contra el resto, donde se está exterminando todo lo conseguido por la Humanidad en las etapas predecesoras, sobre todo en lo que a los derechos fundamentales se refiere, desapareciendo las clases medias y volviendo a sistemas de miedo y terror ancestrales que creíamos inhumados en la lejanía de los tiempos (fuente de la imagen: sxc.hu).  

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