domingo, 6 de mayo de 2012

Elegante y evocador

Acompañando a una cazuela de marmitako de bacalao y aprovechando la promoción acordada entre los contactos Georgia, del Museo del Vino Málaga, y Arturo, de Tierras de Mollina-Hojiblanca, ayer degustamos el fresco, elegante y evocador Montespejo blanco joven, coupage de uvas moscatel y la autóctona de Mollina, Doradilla.

Por enésima vez, fluyeron a mi mente cantidad de evocaciones de experiencias en sectores aparentemente tan distintos como son la enseñanza y la formación, la gestión de organizaciones empresariales, el sector agroindustrial en general y el mundo vitivinícola en específico.

Mi primer recuerdo del Montespejo proviene del año 1995, dentro del periodo 1994-1998, cuando ejercía de Secretario General en Cecap Andalucía Facep (ver post “No sólo se debe ser honrado, …").

Lo disfrutaba junto al equipo federativo que tuve la oportunidad de coordinar, en el antaño restaurante La Romanza (en calle Granada, Málaga, España), acompañando al arroz elaborado por el cocinero Juan (de Juan y Mariano) y servido por el camarero Charly.

Como cuando me regalaron una máquina de escribir (ver post Tecno-austeridad) y jamás pensé que el futuro me deparara la posibilidad de escribirte, aunque sea con cuatro dedos, jamás pensé que años después (2002, 2003 y 2004), tendría la oportunidad de trabajar en las entidades productora (Virgen de la Oliva) y comercializadora (Tierras de Mollina) de este caldo (ver post “Si viene el vino, viene la vida”).

En aquel periodo, también colaboré en la concepción y el nacimiento del primer tinto joven con Denominación de Origen Sierras de Málaga: el Gadea. Después, vinieron más ocasiones profesionales relacionadas con el vino, algunas contadas en este sitio y otras en la sala mental de espera. 

Lo dicho: fresco, elegante y evocador de afectivas etapas profesionales (fuente de la imagen: página web del producto).

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