domingo, 10 de enero de 2010

Escucha y Observación

Ayer volví a caer en la cuenta de la cantidad de pamplinas que podemos decir a lo largo del día. Uno de los propósitos para este año es procurar decir menos naderías y atender mejor. El caso es que ya no soy el palabrero de hace una década (por ejemplo, ver post La genialidad y la chorrada), cuando derramaba a diestro y siniestro el poco conocimiento que disponía y el torrente de pasión que brotaba en mi interior, pero necesito instruirme en el arte de la escucha y, también, en el de la observación del cúmulo de señales verbales del interlocutor, que muchas veces te dicen más que las frases que estás escuchando (imagen elaboración propia).