domingo, 8 de junio de 2008

Chantaje emocional

Fuente de la imagen: Concord90 en pixabay
Hace unos días, me comentaba Migue las vicisitudes en su actividad profesional. De su rico conocimiento transmitido, para el inicio de este post extraigo la experiencia en sus cursos de inteligencia emocional y que para el año que viene lo habían elegido ponente (enhorabuena, Migue). En un momento de la conversación, me preguntó por qué no me dedicaba a impartir ese tipo de ponencias. La verdad, no supe exactamente qué contestar. De hecho, cuando desarrollaba mi actividad profesional en los años 1996 (Cecap), 1997 (facep), 1998 (Tadel), 1999 (Vértice) y, en menor medida, 2000 (Lehmberg), participé con algunas escuelas de negocio en la coordinación de proyectos formativos específicos y practiqué en mi trabajo, con mejor o peor acierto, lo aprendido en la teoría.

Largo y tendido hemos hablado escrito en este sitio sobre la inteligencia emocional (ver búsqueda parcial). Fluyen a mi la mente acciones concretas a borbotones, como aquella persona, responsable de administración, a la que se le cumplía el contrato y se encontraba embarazada; cuando le comuniqué la transformación de su contrato en indefinido, se me echó a llorar (quizás, no fui consciente de que era la primera vez que en esa organización sucedía algo similar). O cuando en el año 1995, incorporamos no trabajar los viernes por la tarde y la jornada intensiva en el verano; quizás pueda parecer una tontería, pero en Andalucía, sobre todo en el interior, este tipo de cultura, como que costaba bastante argumentarla al empresariado. Podríamos seguir, pero huelgan más ejemplos.

Sin embargo, conforme iba profundizando en el concepto y recibía retroalimentación de mi red de contactos, acerca de la práctica diaria en el tejido empresarial, cada vez se hacía más grande mi desconocimiento, duda o desorientación a la hora de contrastar “inteligencia emocional” con “manipulación emocional” o “chantaje emocional”. Al analizar actuaciones de propietarios y directivos que, bajo del abrigo de la puesta en práctica de la inteligencia emocional, aparecían bajeras manipulaciones morales, procurando que los colaboradores perpetrasen lo que ellos querían, mediante técnicas que aludían a la amistad, al amor, la solidaridad, la confianza, la seguridad, etc. y que generaban en el presunto chantajeado miedo, duda, culpabilidad, debilidad. Si el colaborador o la colaboradora no cedía, la presión subía de tono con consignas del tipo “Aquí sólo hay lugar para directivos que se entreguen al máximo, sin condiciones… y recuerda que tiene una hipoteca, un estatus y una familia que mantener”.

El chantajista emocional es un manipulador de emociones. Evidentemente, si cumpliera sus chantajes y coacciones, el término "emocional" estaría de más y nos encontraríamos con otro problema, probablemente más grave. Sugiero que si estás en una situación de presunto chantajeado emocional, si tu interlocutor (por llamarlo de alguna forma) se da cuenta de que conoces sus malas artes, lo mas previsible es que no las ponga en práctica en tu persona. Como recurso complementario y por si es de interés, te dejo un link al post Chantaje emocional y las organizaciones Platero, de Andrés Pérez Ortega. Buen domingo y suerte para Fernando Alonso en Canadá (Fuente de la imagen: sxc.hu). Imagen incorporada con posterioridad; fuente: Concord90 en pixabay.