domingo, 28 de octubre de 2007

El silbido del abuelo

Fuente de la imagen: AnnaliseArt en pixabay
Con una hora más de sueño, debido a la otoñal modificación horaria (ver post El cambio de hora), te escribo hoy sobre la experiencia formativa que tuve ayer, participando en un taller formativo, organizado por la escuela de padres a la que pertenezco y coordinado por la pedagoga Anabel, de la consultora Informa. Fueron unas horas interesantes, ya que me permitieron, además de convivir con otros progenitores y cambiar impresiones acerca de la educación de los retoños, escuchar atentamente la disertación de la monitora sobre el concepto “familia”, en general, de la conciliación trabajo-familia (nos puso el vídeo “15 días de agosto”, que ya inserté en un post) y del papel de los “abuelos”, en particular. Notable el recorte de periódico De profesión, abuelo canguro, que aportó la docente. Recordé cuando seguía a mi abuelo, caminando por la vereda, dibujada en paralelo a la acequia que devolvía el agua al río, entre membrillos, perales y cerezos. Silbaba el hombre alguna canción de esas que se tarareaban en la triste Guerra Civil. 

Posteriormente, me comentó mi madre que minutos antes de terminar la contienda, a punto estuvieron de fusilarlo, por defender a unas personas de una injusta imputación. No diré el bando en el que estaba para no herir sensibilidades ni echar más leña al fuego emocional. Sólo comentaré que en una de las familias de las que procedo, unos hermanos les toco “la mili” en el bando republicano y a otros en el bando nacional. Si desertaban, para irse al otro lado del frente, donde estaba su consanguíneo, y eran pillados “in franganti”, probablemente serían fusilados por traidores, daba igual los colores de la bandera donde les había tocado defender los intereses de la nación ¿Qué sentirían mis abuelos sobre el padecer de sus hijos? Sin embargo, la “familia” siempre permaneció unida. No hubo beligerancia política que la rompiera (imagen del MEC). Fuente de la imagen: sxc.hu. Imagen incorporada con posterioridad; fuente: AnnaliseArt en pixabay.